El éxito en la vida depende en un 20% del cociente intelectual y un 80% de la inteligencia emocional

En el año 1995, Daniel Goleman, psicólogo estadounidense, definía la Inteligencia Emocional (IE) como: “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones.” Para Goleman, una persona con alta inteligencia emocional sería aquella capaz de automotivarse, perseverar en la consecución de sus objetivos y regular los estados de ánimo propios.

Las emociones están presentes en cada una de las personas y ocasionalmente se acumulan y terminan desbordándose. Aprender a identificarlas, expresarlas y manejarlas es fundamental para llevar una vida con mayor bienestar psicológico.

Los científicos se cuestionaron porque las personas con un elevado cociente intelectual (CI) no conseguían tener el éxito profesional y personal esperado, mientras que otras personas pese a tener un menor CI, lograban tener éxito en diversos ámbitos de su vida. Por lo que la respuesta a todo ello residía en la Inteligencia Emocional. Los estudios demostraron que el éxito profesional y personal en la vida depende en un 20% del CI y un 80% de la Inteligencia Emocional.

Aunque cada persona nace con unas emociones básicas, posteriormente se van aprendiendo otro tipo de emociones secundarias a lo largo de la vida. La Inteligencia Emocional es considerada como dinámica ya que puede variar a lo largo de los años.

¿Cómo se puede entrenar la Inteligencia Emocional?

Para entrenar la Inteligencia Emocional, es necesario entrenar componentes intrapersonales e interpersonales. Dentro de los intrapersonales, aparecerían componentes como el autocontrol, la autoconfianza o la autoconciencia emocional; mientras que en los componentes interpersonales aparecen la empatía o las habilidades sociales.  Mediante la práctica, el cerebro desarrolla nuevas conexiones creando las conductas emocionalmente inteligentes en hábitos y eliminando aquellas conductas que no son útiles, creando un equilibrio entre la parte racional y la emocional del cerebro.

Normalmente se utilizan los términos emociones positivas o negativas, sin embargo, no existen emociones buenas ni malas, sino agradables o desagradables. Sentir todas las emociones es positivo en un momento determinado, no obstante, cuando una emoción se prolonga en el tiempo la persona ha de activar mecanismos para aprender a regularla. En el caso de que no se activen estos mecanismos pueden aparecer patologías graves, convirtiéndose las emociones nocivas para las personas. Por lo que todas las emociones son necesarias y tienen un papel adaptativo en el ser humano. Es decir, si por ejemplo, no sintiéramos miedo moriríamos. Por ello es imprescindible entrenar la Inteligencia Emocional, con el fin de reconocer que emociones sentimos y poder actuar y regularlas a tiempo.

¿Cuáles son los beneficios de entrenar la Inteligencia Emocional?

El entrenamiento de la Inteligencia Emocional puede influir en varios ámbitos de la vida.

En el área laboral, puede favorecer el rendimiento, aumentando la capacidad de liderazgo; a nivel individual, se puede producir un aumento de la autoestima, puede actuar como factor protector del estrés y fomentar la motivación al cambio; a nivel social, se pueden mejorar las relaciones sociales y familiares.

Cualquier persona puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo. Aristóteles

Clara Díez. Psicóloga de IVANE SALUD.

Dra. Amparo Espinosa. Psiquiatra y Directora Terapéutica de IVANE SALUD.

Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria en Hospital Vithas Valencia al Mar.

Clínica de Desintoxicación y Patología Dual en Hospital Vithas Aguas Vivas.