Unir verano, calor, alcohol y pastillas no es tan extraño como puede parecer. Aunque el verano se asocia tradicionalmente a una serie de tópicos agradables (calor, vacaciones, playa o piscina, fiesta, relax, diversión, etc.), no se trata de una época que se libre de presentar problemas para la salud o el bienestar en un buen número de gente. Piel quemada por el sol, indigestiones, agotamiento, golpes de calor… son algunos de los más conocidos, pero no los únicos.

Si hay algo que sucede cada vez más a menudo es el calor sofocante no solo durante el día, sino también por las noches. Y es que la idea de las “agradables noches de verano al fresco” está quedando casi como un recuerdo de tiempos pasados, ya que cada vez es más habitual sufrir veranos ardientes en los que ni siquiera de noche amaina la intensidad del calor.

Si a ello unimos un mayor consumo o abuso de alcohol, usual en estas fechas, los problemas para conciliar el sueño van a ser cada vez más notables, puesto que a pesar de que el alcohol es un potente depresor y relajante, su efecto sobre el sueño es negativo, puesto que altera la arquitectura fisiológica del sueño e impide que el descanso sea reparador.

Es por ello que numerosas personas por desconocimiento, comodidad  tratan de suplir estos problemas de forma rápida mediante la automedicación de hipnóticos y tranquilizantes de la familia de las benzodiazepinas que son los psicofármacos más habituales, típicos conocidos para inducir y mantener el sueño. En múltiples ocasiones el cocktail a la que el organismo es sometido puede ser perjudicial en el corto y en el medio plazo por no tener en cuenta la interacción con otros fármacos que se estén tomando por otros motivos.

Además, el consumo puntual de medicación para dormir, hipnóticos o tranquilizantes, implican un desajuste orgánico y psicológico importante: nuestro organismo se está viendo sometido a altas temperaturas ambientales por el periodo estival, a las que se suman las digestiones pesadas, tendencia a la deshidratación corporal y un consumo de alcohol añadido, con lo que la sensación de calor será mucho más difícil de soportar y autorregular por el propio orgsnismo. En estos casos, tomar una pastilla para dormir solo propicia correr un tupido velo sobre una situación de desequilibrio muy pronunciado, de forma que se ignoran sus efectos y se puede persistir en una conducta poco aconsejable en el miedo y largo plazo con la posibilidad de desarrollar una verdadera adicción a benzodiazepinas o un consumo perjudicial de las mismas.

Tratar de mantener hábitos saludables equilibrados en relación al descanso, un ritmo de sueño–vigilia sano, una adecuada ingesta de alimentos equilibrados y en el volumen adecuado que muchas ocasiones no supone hacer dietas estrictas, fomentar una ingesta proporcionada y adecuada de cerveza u otro tipo de alcohol, evitando excesos, así como en caso de existir alguna alteración importante del sueño el consultar a un profesional puede favorecer mejoras no solo en la calidad del sueño, sino en la salud en general.

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