Recientemente, algunos estudios han tratado de determinar cuáles eran las drogas más adictivas.  Esta clasificación obedece a un orden esencialmente químico o, si se quiere, orgánico, es decir, que sólo tiene en cuenta la capacidad de generar adicción física debido a sus características moleculares. Pero una adicción es algo más que eso. Para entender y explicar el por qué alguien acaba convirtiéndose en adicto a una sustancia, no nos podemos quedar en esta clasificación, puesto que por esa regla de tres, toda la gente que consume estas sustancias acabarían desarrollando una terrible dependencia, lo cual es evidente que no sucede así.

Los resultados ofrecieron la siguiente escala de sustancias:

  1. Heroína
  2. Cocaína
  3. Nicotina
  4. Barbitúricos
  5. Alcohol

Por otra parte, sabemos que existen las ADICCIONES COMPORTAMENTALES, en las que no hay ningún consumo de sustancias pero en las que el individuo vive preso de una conducta repetitiva y obsesiva que se vuelve patológica y cuyo curso en el tiempo asemeja a la adicción de drogas u otras sustancias. Las más habituales y las que pueden derivar en un serio problema psicológico son las siguientes:

  1.  Juego patológico,
  2.  Compra compulsiva,
  3.  Sexo,
  4.  Comida
  5.  Trabajo.

En este sentido, la ludopatía o el juego patológico tiene un impacto mayor e incluso con un poder mas adictivo que las drogas consideradas como más adictivas. 

¿Cómo se entiende esto?

La respuesta es muy sencilla: Una adicción no es el resultado de una sustancia más o menos potente que “domina” un organismo. La adicción supone la interacción entre 3 elementos: Sustancia (o comportamiento potencialmente adictivo, como el juego) – Individuo (vulnerabilidad intrínseca) – Entorno (facilitador o protector). La sustancia tiene unas propiedades que entran en interacción con el individuo, que cuenta con unos mecanismos de afrontamiento al estrés que le protegen, pero también con factores de riesgo que le exponen. Por último, el entorno puede facilitar el consumo o colaborar en el mantenimiento de la abstinencia a tóxicos.

Las múltiples combinaciones que surgen de estos tres elementos y sus subcomponentes explican mejor el riesgo de padecer un problema aditivo, así como también las distintas posibilidades de diseñar un abordaje terapéutico eficaz en la recuperación de esta enfermedad a largo plazo

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