El artista conocido como Prince falleció a causa de una sobredosis de fentanilo, un analgésico opiáceo muy poderoso pero de una gran capacidad adictiva y que en los EE.UU. está alcanzando cotas de abuso y adicción por autoconsumo que han hecho saltar las alarmas de las autoridades sanitarias.

Aunque en nuestro país los problemas por abuso de fármacos no han terminado (todavía) con la vida de ningún artista, los problemas de automedicación y abuso de fármacos no son nuevos, y suelen estar protagonizados por productos de la familia de las benzodiacepinas.

El problema no son los tratamientos con opiáceos, sino el mal uso. Por ejemplo, se ha cambiado la filosofía en las unidades de dolor y de cáncer. El objetivo ahora es que el paciente no sufra y esto acaba derivando en un abuso en personas con vulnerabilidad a padecer problemas de adicción.

En el caso del Fentanilo se incluye en el “tercer peldaño” de la escalera analgésica para el tratamiento del dolor, después de los antiinflamatorios no esteroideos. El fentanilo se utiliza como fármaco para aliviar el dolor intenso agudo y crónico, siembre bajo control médico ya que es un agonista narcótico sintético opioide utilizado en medicina ya que tiene una potencia superior a la morfina por lo que se emplea a dosis más baja que esta, siendo el efecto final a dosis equivalentes similar al de la morfina. Se emplea por vía transdérmica en forma de parches, por vía sublingual, en forma de spray nasal, comprimidos para chupar, vía intravenosa y vía epidural. Tiene un efecto inicial que aparece, dependiendo de la vía de administración entre 1 y 10 minutos y con un efecto máximo entre 15 y 60 minutos. Justamente, esta rapidez e intensidad de acción puede desembocar en un uso inadecuado y potencialmente adictivo en personas cuya prescripción no está sujeta por profesionales o en aquellos pacientes no cumplidores o de baja adherencia terapéutica.

El empleo de fentanilo para uso recreativo constituye un problema creciente en diferentes países. En Estados Unidos, se han detectado vías de comercio ilegal de esta sustancia. El consumo continuado de fentanilo provoca dependencia y síndrome de abstinencia si se retira bruscamente la dosis habitual. Del mismo modo, se han descrito  casos de muerte en Estados Unidos asociados al empleo de fentanilo o sus derivados como droga de abuso, principalmente cuando la sustancia ha sido elaborada de forma ilegal en laboratorios clandestinos y distribuida fuera de las oficinas de farmacia y canales legales establecidos. Los casos registrados se han debito al uso de fentanilo o sus derivados empleados solos o combinados con drogas ilegales como la heroína, han demostrado alta peligrosidad, pues la dosis que se emplea para provocar euforia es muy próxima a la que es capaz de producir depresión del centro respiratorio, causa frecuente de muerte en los consumidores

La adicción a derivados mórficos o fármacos analgésicos de elevada potencia no es un problema exclusivo de España. En EE UU, de hecho, el excesivo consumo de analgésicos opiáceos ha derivado en un repunte en el consumo de la heroína. Recientemente, representantes de asociaciones de apoyo a las personas con adicciones de EE.UU. han advertido de que el incremento de consumo de esta droga podría resurgir de nuevo en Europa. Allí el problema comenzó con el mal uso de medicamentos con derivados de la codeína para calmar el dolor. Tras un aumento del consumo de analgésicos opiáceos en EE.UU. los pacientes enganchados están comprando heroína en la calle, que es mucho más económica.

Pero hay que advertir que no es un problema de recetas. En realidad, vivimos desde hace unos años obsesionados por eliminar el dolor a toda costa, y esto lleva a un abuso de las recetas, o a que el paciente tome más de la cuenta. Y esto sin olvidar el mercado negro.

En España se están incrementando las incautaciones de heroína, aseguran fuentes de la Policía Nacional. También van a más las incautaciones en la UE. El Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías precisa en los dos últimos informes de este año que existe –la posibilidad de un nuevo brote en el consumo. Respecto a los opioides sintéticos de uso médico, como la buprenorfina, el fentanilo, la codeína, la morfina, aseguran que es una preocupación en alza.

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