El perfil típico de la persona adicta al juego ha cambiado considerablemente a lo largo de los últimos años. Si hasta hace poco lo habitual era que la ludopatía se mostrase más abiertamente en personas de mediana edad, con niveles educativos más bien bajos, y centrado especialmente en los juegos de tragaperras, en la actualidad se ha producido un cambio drástico en el tipo de personas que se ven atrapadas por la adicción al juego. De esta forma, los casos atendidos por los centros especializados en tratar la ludopatía están registrando una mayor demanda en personas jóvenes (de 18-25 años de media), muchos de ellos con estudios universitarios, y con adicción a juegos on-line como apuestas, cartas o casino.

Es importante en este sentido destacar el importante papel que juegan las nuevas tecnologías, internet y las posibilidades que ofrecen los smartphones para poder entender este patrón. De hecho, se están dando casos de adicción al juego que empiezan en la adolescencia, antes de los 18 años.

Uno de los problemas del inicio tan temprano del juego abusivo en edades tan tempranas es la falta de desarrollo de habilidades de autocontrol suficientes. La toma de contacto con actividades como las apuestas es de un riesgo enorme cuando los jóvenes todavía no han madurado física ni psicológicamente las estructuras necesarias para poder controlar sus impulsos y ser conscientes de los peligros de estos hábitos.

Pero también hay que destacar algunas características de la personalidad que juegan un papel importante para que este contacto acabe dando lugar a problemas de adicción.

Aspectos como la impulsividad son esenciales para poder predecir la posibilidad de problemas de ludopatía en un futuro cercano. La impulsividad supone una imposibilidad de frenar los deseos de juego, o de dejar de jugar a pesar de las pérdidas, por ejemplo, y se trata de una habilidad que se conforma a lo largo de los años, siendo la adolescencia una etapa todavía muy temprana para su expresión. Es por ello que se recomienda siempre retrasar al máximo la toma de contacto inicial con el juego.

Por otra parte, los problemas para relacionarse con los demás pueden ser un elemento determinante en la aparición de la adicción, ya que un entorno social saludable puede ayudar a detectar estos problemas a tiempo o incluso ayudar a salir de ellos a tiempo. Sin embargo, los conflictos frecuentes con los demás, o simplemente una tendencia al aislamiento, pueden convertirse en factores de riesgo importantes ya que el juego puede aparecer como una estrategia de evasión fácil ante tales dificultades.

Todo esto está muy relacionado con el carácter evitativo que pueden mostrar determinadas personas. Alguien con tendencia a huir de los problemas, de las responsabilidades, e incluso del contacto con la gente, mostrará una mayor vulnerabilidad si entra en contacto con el juego, puesto que contará con menos elementos de control externo que le ayuden a reaccionar a tiempo (amistades o familiares de confianza, por ejemplo, que adviertan a la persona que abusa del juego y le ayuden a salir).

La ludopatía es un problema complejo, en el que influyen factores de todo tipo, tanto personales, como familiares o del entorno, pero es importante señalar los elementos personales que son más susceptibles de ser corregidos por la persona. Este trastorno requiere un tratamiento adecuado, personalizado e intensivo, y precisamente, dada su complejidad, no responde a causas sencillas. Los factores de riesgo de personalidad son aspectos importantes, pero no únicos para entender este problema.

Debemos verlos como áreas de intervención esenciales para poder contar con garantías de que el ludópata podrá conseguir una abstinencia con éxito en el tiempo.

Fermín Ferrero. Psicólogo de IVANE SALUD. Coordinador psicólogo del Área de Adiciones y Patología Dual

Unidad de Salud Mental. Hospital Valencia al Mar

Centro de Desintoxicación y Patología Dual Valencia. Hospital Aguas Vivas