Asumir los cuidados de una persona con algún tipo de enfermedad, que le provoque cierto grado de incapacidad, no es tarea sencilla. Implica hacerse cargo de la responsabilidad que acarrea y en la mayoría de las ocasiones sin apoyo del entorno, ya que éste asume que el cuidador principal es el único responsable. No sorprende que frecuentemente, este rol esté acompañado de episodios de síntomas de estrés agudo o crónico de alta intensidad, con importantes implicaciones tanto a nivel físico como mental, o lo que es lo mismo, el denominado “Síndrome del cuidador”.

Este trastorno se caracteriza por el agotamiento físico y psíquico (similar al burnout). La persona tiene que afrontar situaciones estresantes de forma continuada, lo que consume todo su tiempo y energía. Se ven afectadas las diferentes áreas vitales, aumentan los conflictos en las relaciones familiares, se dificulta la conciliación del ámbito familiar y laboral, derivando frecuentemente en el absentismo o el abandono del puesto de trabajo, y el ocio se delega a un segundo plano. Todo ello puede acabar agotando las reservas físicas y mentales del cuidador que se traduce en síntomas como: empeoramiento de la salud en general, pérdida del auto-cuidado, alteraciones en la alimentación y en el sueño, y bajo estado de ánimo general, asociado a estados depresivos y ansiosos.

La prevención de la aparición del SÍNDROME DEL CUIDADOR es fundamental. En los casos en los que la aparición ya está presente, es necesario realizar una identificación precoz por parte del profesional y un tratamiento efectivo que puede requerir un abordaje psicológico y/o psicofarmacológico. Por ello, se aconseja tomar medidas tempranas para evitar la aparición de este síndrome, siendo necesario:

1.     Conocer la enfermedad. Tener un conocimiento amplio sobre los cuidados necesarios puede ayudar a aumentar la sensación de control de la situación y verla de una forma menos amenazadora. Para ello, la consulta y consejo de los profesionales es imprescindible.

2.     Para poder cuidar a otro hay que cuidarse uno mismo. Es imprescindible que el cuidador no delegue a un segundo puesto su propia salud. La buena alimentación, el ejercicio físico moderado y el descanso son los factores protectores más importantes.

3.     Dar importancia al tiempo de ocio. Somos seres sociales, por lo que relacionarnos con otras personas es necesario para nuestro desarrollo y buen funcionamiento. El mantener amistades y realizar actividades agradables que favorezcan la socialización evitará el posible aislamiento del cuidador.

4.     Mantener los buenos hábitos. Pese a que es inevitable que se produzcan ciertos cambios en la rutina, podemos buscar tiempo para seguir realizando aquellas actividades y hobbies que solíamos hacer y que favorecen nuestro bienestar psicológico. Un ejemplo de ello sería el cuidado del aspecto físico. Para facilitar ese tiempo, se puede recurrir a una ayuda externa como un amigo, un familiar o a la utilización de los llamados “programas de respiro familiar”.

Los programas de respiro es un servicio prestado por entidades públicas, organizaciones no gubernamentales (ONG) y entidades privadas, que se basa en la atención temporal de calidad a personas mayores, con diversidad funcional o en situación de dependencia, facilitando el descanso de los cuidadores.

Marta Escobedo. Psicóloga de IVANE SALUD

Unidad de Salud Mental. Hospital Valencia al Mar

Centro de Desintoxicación y Patología Dual Valencia. Hospital Aguas Vivas