Durante el proceso de tratamiento en el alcoholismo o la adicción a drogas u otras sustancias, no es fácil entender para el paciente la necesidad de realizar, no sólo, un trabajo psicológico de cambio y transformación hacia unas nuevas referencias y directrices.

Este “adiós” es imprescindible para asegurar una mejoría mantenida en el tiempo e indispensable para la recuperación. Es necesario afrontar un proceso de duelo y de pérdida de parte de su vida anterior. 

En ese renacer, existen personas y entornos que, a pesar del dolor, deben quedarse en el camino, como se quedan algunos antiguos compañeros de colegio, cuando un adolescente comienza el instituto. Es necesario facilitar el desapego de lugares y vínculos, que en el pasado tuvieron algún sentido, aunque en esta nueva etapa, no tienen cabida.

Este afrontamiento a una nueva vida, y dejar atrás a entornos, personas, lugares, objetos… hay que realizarlo no cayendo en el sentimiento de la culpa o la pena. Si bien, existe algo de sufrimiento, esfuerzo y sentimiento de pérdida como ocurre en cualquier proceso de adaptación, es necesario integrar a nivel psicológico que esa pérdida genera un hueco que será llenado de una nueva vida en esta etapa que comienza. Es necesario asumir de forma madura y honesta que eso que nos ha unido a esas personas o entornos ya ha cumplido su función y se ha cerrado un ciclo.

Asumir, esas pérdidas en realidad es un acto de generosidad que permitirá crecer y dejar de sufrir. Soltar lastre para poder continuar en el proceso de recuperación de las adicciones, tiene que ver como el temor de dejar de ser quienes somos y perder esa identidad en la que nos reconocemos pero que a la vez nos ha llevado a la autodestrucción. También tiene que ver con el sentimiento de vacío que puede dejar ese desanclaje, cuando en realidad es un salto hacia una transformación vital para romper las cadenas de la esclavitud a la adicción y recuperar la libertad personal, familiar y espiritual.

En la naturaleza humana esta el concepto de atesorar y acumular. Puede parecer que eso nos hace mejor y nos facilita el futuro. En realidad no es así. Es necesario encontrar el equilibrio en dejar marchar cosas y personas que nos estancan, nos paralizan, nos perjudican, asumir ese proceso de cambio e incertidumbre y llenarnos de personas y entornos que nos den bienestar y felicidad. Es un proceso dinámico que en el caso de tratamiento de las adicciones y la patología dual precisa del acompañamiento y facilitación de profesionales y de la familia que ayude a llevar parte de la carga de ese cambio.

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