El trastorno depresivo mayor es el trastorno del estado de ánimo más frecuente con un porcentaje de prevalencia del 5% en todo el mundo. Este trastorno junto con la distimia se distinguen de los trastornos del espectro bipolar por la ausencia de episodios maníacos, mixtos o hipomaníacos.

El trastorno depresivo tiene un incidencia casi el doble en mujeres que en hombres. El promedio de edad de inicio se sitúa en torno los 30-40 años y la duración de un episodio depresivo no tratado puede ser de 6 a 24 meses. También se producen variaciones considerables en el conjunto de síntomas, el porcentaje de recurrencias y la respuesta a las terapias psicológicas y farmacológicas.

Sabemos que existe una vulnerabilidad genética para padecer el trastorno, sin embargo, las experiencias adversas durante las etapas tempranas de la vida constituyen un factor predisponente para el trastorno depresivo en individuos susceptibles de padecerlo, dichas vulnerabilidades pueden “activarse” en otras etapas de la vida ante ciertos acontecimientos incluyendo el estrés social crónico, el aislamiento y las frustraciones sociales.

Actualmente la información de que se dispone sugiere que la fisiopatología del trastorno depresivo mayor no bipolar está relacionada con el modo en que los individuos responden al estrés y probablemente de forma más específica a la pérdida, al reto social y a la frustración o derrota social. Pensamos en este sentido, que las variaciones que pueden existir en el riesgo de padecer un trastorno depresivo, así como su presentación clínica, recurrencia y respuesta al tratamiento, se ven influidas por características de cada individuo, rasgos y dimensiones de la personalidad que influyen en cómo se enfrentan al estrés y la adversidad.

Un funcionamiento desadaptativo de la personalidad puede actuar en su complejidad, como un gran factor de riesgo para los trastornos psiquiátricos y para el trastorno depresivo.

Algunas diferencias individuales de la personalidad que también pueden influir en el curso de la depresión y en la respuesta al tratamiento son:

  • El comportamiento de búsqueda de ayuda y detección de la enfermedad. Solo una minoría con un trastorno mental diagnosticable recibe ayuda profesional. El hecho por ejemplo de ser hombre, vivir solo y residir en una gran ciudad tiene un efecto negativo en el comportamiento de búsqueda de ayuda.
  • Manifestación de los síntomas, es decir, dimensiones de la personalidad y presentaciones de diferentes síntomas depresivos.
  • Preferencia terapéutica y selección.
  • Cumplimiento del tratamiento y tolerabilidad de efectos secundarios. Se cree que aproximadamente la mitad de los pacientes que inician un tratamiento lo han abandonado a los tres meses de iniciarlo. Algunos alegan mejoría y otros, efectos secundarios; sin embargo también en este punto sabemos que la personalidad puede influir.

Un ejemplo clásico es como en los estudios se ve que ciertos rasgos de personalidad como la evitación y el neuroticismo pueden influir favoreciendo la aparición de efectos secundarios en estudios comparativos en el grupo tratado con placebo.

Las expectativas y el miedo a perder el control cuando se toma la medicación son puntos a tratar con el paciente para mejorar la adherencia y planificar una farmacoterapia óptima. En estos casos hay que tener especial cuidado e introducir la medicación de forma gradual. En aquellos pacientes en cambio, con depresión y un elevado índice de extraversión hay que prestar atención al cumplimiento terapéutico, sobre todo cuando empiezan a experimentar mejoría sintomática subjetiva.

En definitiva, debemos saber que un funcionamiento desadaptativo de la personalidad, puede resultar un factor de riesgo para el trastorno depresivo mayor, afectando a la capacidad del paciente a la hora de buscar ayuda, comprometerse con el tratamiento y cumplirlo. Tener en cuenta la cuestión de la personalidad ayudará a formular intervenciones de forma que los pacientes se sientan implicados en el tratamiento, abordando y tratando los estilos desadaptativos, ayudando a superar la negación de la depresión o bien evitando que se centren en exceso en los efectos secundarios.

Dr. Fernando España. Psiquiatra de IVANE SALUD

Jose Maria Marco. Psicólogo de IVANE SALUD.

Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria en Vithas Hospital Nisa Valencia al Mar.

Clínica de Desintoxicación y Patología Dual en Vithas Hospital Nisa Aguas Vivas.