El trastorno afectivo estacional es un tipo de depresión relacionado con el cambio de estación, coincidiendo en el inicio y en el fin en la misma época del año.

Mayoritariamente los síntomas empiezan a notarse al inicio del otoño y se prolongan durante los meses de invierno, afectando a la energía del organismo y al sentido del humor. En un grupo minoritario de personas ocurre el sentido opuesto, apareciendo la falta de energía en el inicio de la primavera y del verano. En ambos casos, los síntomas pueden iniciarse levemente, empeorando a medida que va avanzando la estación.

Algunos de los signos y síntomas que puede ayudar a identificar si una persona padece el llamado trastorno afectivo estacional son: falta de energía, la pérdida de energía en actividades que se disfrutaban anteriormente, insomnio, cambios en la dieta o en el peso, dificultad de concentración, pensamientos recurrentes de ideación suicida y sentimientos de culpa, entre otros. En este sentido, la sintomatología es semejante a la que aparece en las personas con depresión aunque con un factor estacional más acusado y predictor de una mayor vulnerabilidad a la recaída cuando existe un cambio estacional.

Algunas de las posibles causas relacionadas con dicho trastorno son el reloj biológico, condicionado por la luz solar que puede alterar el ritmo sueño-vigilia afectando las horas de sueño y generando emociones de colorido negativo o depresivo que provocarían una disrregulación biológica en ciertos neurotransmisores entre los que se encuentra la serotonina y la melatonina. Justamente, si los mecanismos de homeostasis internos fracasan, puede provocar un estrés cerebral que puede ser el inicio de un trastorno afectivo emocional.

Los factores de riesgo que pueden empeorar este trastorno son:

  1. Tener un historial familiar en el que se haya sufrido este trastorno, ya que incrementarían las probabilidades de padecerlo
  2. Tener depresión mayor o trastorno bipolar, ya que puede agravar los síntomas de estos con el cambio de estación. Afecta en mayor medida a personas que viven más lejos del Ecuador y las variaciones estacionales pueden ser más bruscas y los los cambios climatologicos de luz solar más extremos.

Las repercusiones que puede generar el trastorno afectivo estacional han de tenerse en cuenta ya que pueden ser graves y desencadenar en otros problemas como, por ejemplo, retraimiento social, problemas laborales, abuso de sustancias, otros trastornos de salud mental e incluso, pensamientos o conductas suicidas.

Como tratamiento para este trastorno se recomienda coadyuvante a un abordaje psiquiátrico y psicológico específico, la terapia de luz o la fototerapia, en la que el paciente se expone a una luz que imita a la natural provocando cambios químicos en el cerebro que se vinculan con el estado de ánimo. Otra de las alternativas son los medicamentos como los antidepresivos que ayudan al tratamiento y en la prevención de los  episodios depresivos en personas que ya están diagnosticadas de este trastorno. Otra de las alternativas serían las relacionadas con la conexión cuerpo-mente, en las que se trabaje la meditación, Mindfulness o técnicas de relajación.  La psicoterapia también es eficaz a la hora de tratar a pacientes con esta problemática, ayudando a identificar y modificar conductas y pensamientos negativos para ayudar a sentirse mejor y a aprender a manejar herramientas para afrontar la situación.

“Florecer exige pasar por todas las estaciones”

Clara Díez. Psicóloga de IVANE SALUD.

Dra. Elisa Ibáñez. Psiquiatra de IVANE SALUD.

Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria en Vithas Hospital Nisa Valencia al Mar.

Clínica de Desintoxicación y Patología Dual en Vithas Hospital Nisa Aguas Vivas.