El consumo de sustancias en el ámbito del trabajo se encuentra prohibido o no se recomienda en prácticamente ninguna profesión. Son evidentes los riesgos y sus consecuencias, como también es evidente que existen algunas profesiones de riesgo, que por sus condiciones o características presentan un mayor potencial para que los profesionales de ese sector lleguen a consumir drogas o desarrollen un abuso o adicción a pesar de los riesgos. Cuestiones como el agotamiento, las jornadas intensivas, el estrés asociado, la monotonía o las condiciones externas (excesivo frío o calor, por ejemplo) son factores habituales que explican ese riesgo.

Una de las profesiones que se ve expuesta al riesgo por abuso de tóxicos es, paradójicamente, la medicina. Los profesionales sanitarios, y los médicos en particular, a pesar de formar parte de un ámbito que tiene como objetivo favorecer la salud, se ven sometidos a unas condiciones que en muchos casos pueden ser el germen de futuros problemas psicológicos y consecuentemente de adicción.

Puede resultar extraño, si no contradictorio, que los profesionales que conocen los peligros asociados al consumo de drogas puedan llegar a verse atrapados por ellas, pero esto es así debido principalmente al elevado estrés que este trabajo soporta, derivado por la responsabilidad que implica el mismo ejercicio de la profesión (en ocasiones, la vida o muerte de otras personas), así como unos horarios y condiciones que pueden llevar a un agotamiento físico y psíquico, por el que algunos de los profesionales pueden terminar buscando una forma de alivio y desconexión en el consumo de sustancias. En este sentido, las profesiones expuestas a una intensa relación con personas enfermas y sus familiares, en los que la parte más técnica de la profesión sanitaria se presenta indisoluble con la parte más emocional de la naturaleza humana, la incertidumbre, el afrontamiento de la enfermedad y el sufrimiento generan un importante estrés cuyo mejor tratamiento es la prevención del profesional.

En muchos casos, además, la facilidad en el manejo de fármacos contribuye al desarrollo de abuso a sustancias legales, como las benzodiacepinas.

Las sustancias de abuso y dependencia más recurridas se relacionan con fármacos, drogas estimulantes y sustancias ansiolíticas, que se relacionan con las jornadas intensivas o las guardias y la necesidad de mantenerse activos durante muchas horas seguidas.

Por otra parte, las sustancias o medicamentos relajantes pueden hacer acto de presencia en casos de estrés elevado o sostenido (cirujanos, por ejemplo, que tienen que enfrentarse a operaciones muy delicadas que se prolongan durante horas).

En cualquier caso, el riesgo no implica consumo ni costumbre. Los casos que presentan problemas son marginales, y más en una profesión y en un ámbito en el que la responsabilidad para atender a los pacientes prima sobre cualquier problema personal.

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