Uno de los puntos claves en las terapias para adicciones (aunque también lo es en todo proceso de cambio) es el concepto “tocar fondo“. Esta expresión representa la idea de que la persona que mantiene un consumo o un comportamiento de riesgo llega a un punto en que se da cuenta de que no puede seguir así y debe de realizar un cambio en ciertos aspectos de su vida.

Tocar fondo no debe verse como una situación catastrófica en la que la persona está destrozada anímica y físicamente. Estamos acostumbrados a ver en películas y documentales este proceso en consumidores de cocaína o heroína que aparecen demacrados y deprimidos, explicando que no pueden más y necesitan ayuda para salir de ese pozo, pero es una imagen en muchos casos extremada y no se ajusta a toda la realidad de los problemas por adicciones. Muchas veces, se trata simplemente de personas que se han dado cuenta de que lo han perdido todo o que han perdido lo más importante de su vida: la familia, la salud, el trabajo… Y es que tocar fondo es en realidad una valoración interna de costes y beneficios, de ventajas y de inconvenientes, derivada del consumo o la adicción que mantiene la persona desde hace tiempo, valoración que por fin les da un resultado negativo.

Esto, que parece tan simple, en realidad no lo es tanto, puesto que las personas con problemas de adicciones hacen una valoración de costes y beneficios muy distorsionada debido al propio efecto de las drogas que consumen; por ejemplo, la cocaína crea una falsa sensación de control, o los consumidores abusivos de alcohol y cannabis ven sus efectos como muy beneficiosos, y creen que a pesar de los inconvenientes les compensa seguir abusando.

La valoración de costes y beneficios que puede conducir a tocar fondo es muy personal por el hecho de que cada uno da un valor diferente a las cosas que lo rodean. Lo que para nosotros puede resultar esencial, como la salud o la familia, puede no representar nada de valor para alguien con un largo consumo de, por ejemplo, cocaína, que quizá sólo tenga ojos para sus amigos o las fiestas semanales. Igualmente, en un alcohólico puede tener completamente indiferente un aspecto físico lamentable, porque para él lo único realmente importante es poder beber para calmar un dolor emocional insoportable.

Tocar fondo, en mayor o menor medida, es un estado necesario que facilita pedir ayudar y dejarse ayudar por el entorno con el objetivo de empezar a tomar conciencia que es preciso hacer las cosas de forma distintas si se quieren cosas distintas. Este punto de inflexión supone pasar de un estado contemplativo a coger las riendas de la acción de una vida desenfocada en el que la propia persona sea la nueva protagonista  de sus acciones, sus compromisos y sus consecuencias.

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