Tradicionalmente, el consumo de sustancias ha estado asociado a intentos de suicidio en cierto tipo de casos, aunque no de forma clara. El argumento principal en este sentido vincula los intentos autolíticos a las consecuencias de la adicción, por ejemplo, las deudas, la ruina económica, la pérdida del trabajo o de relaciones… Las sustancias que se relacionaban con estos intentos podían ser variables: principalmente, opiáceos como la heroína, estimulantes como la cocaína, y eventualmente pero en mucho menor medida el alcohol.

Sin embargo, un nuevo estudio llevado a cabo por la Universidad de Brown en Rhode Island de Estados Unidos ha concluido el uso combinado de la cocaína y el alcohol presentaba una posibilidad de intento de suicidio 2,4 veces mayor que los que consumían solamente cualquiera de las dos sustancias por separado.

Futuras investigaciones nos aportarán una mayor cantidad de información que nos ayude a entender estos procesos y a poder evitarlos o actuar a tiempo. Mientras tanto, es inevitable hacer algunas reflexiones al respecto.

El abuso de sustancias y la adicción son fenómenos que crean una profunda alteración a distintos niveles, pero particularmente a nivel fisiológico (estructura del sistema nervioso) y a nivel psicológico (comportamiento del consumidor).  A nivel fisiológico, la adicción genera una transformación del sistema de recompensa bioquímico, en especial de la dopamina, con lo que las actividades que hasta entonces resultaban placenteras para el individuo dejan de serlo o se quedan muy lejos de la gratificación que suscitaban.  A nivel psicológico, la ausencia de percepción de placer o gratificación lleva a una búsqueda creciente de lo único que parece funcionar, una nueva dosis de droga, con lo que se produce un abandono de actividades generado tanto por la focalización cerrada en la droga, como por la sensación de vacío presente en las actividades cotidianas.

Esta sensación de vacío es uno de los factores principales que vincula el consumo de sustancias con la depresión y los intentos de suicidio, y al mismo tiempo nos ofrece una herramienta de trabajo de cara a la recuperación: si la persona que trata de salir de una adicción no recupera el placer por las actividades cotidianas y llena el vacío creado por el abuso, no podremos contar con una base sólida para la recuperación.

El objetivo de esta revisión es recoger los efectos psicológicos y somáticos del consumo combinado del etanol y la cocaína, centrándonos en la acción tóxica del cocaetileno sobre el organismo, mediante la revisión de la bibliografía primaria obtenida a través de la base de datos Medline (PubMed 1979-2006), en Índice Médico Español (IME), en datos de la Organización Mundial de la Salud (O.M.S), Revista del Instituto de Investigación de Drogodependencias, datos del Plan Nacional sobre Drogas (PNSD), revista de Adicciones, así como de diversas monografías relacionadas.

A nivel biológico, cuando una persona consume alcohol y cocaína de forma habitual, La interacción metabólica en el cuerpo humano da lugar a un nuevo metabolito denominado cocaetileno, que tiene un efecto tóxico multiplicador más allá del efecto sumativo de etanol y cocaina de forma aislada. El cocaetileno juega un papel importante en el aumento del placer provocando un aumento considerable de la euforia y duración de la misma, así como una disminución de la disforia por abstinencia a la cocaína, unido a consumos más compulsivos, repetitivos y asociados a una alta virulencia. Todo esto influye en una mayor pérdida del control del consumo, más problemas sociales, conductas más violenta y comportamientos de alto riesgo dando lugar a cuadros clínicos de mayor gravedad que los observados en personas con adicción aislada de una única sustancia.

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