Parálisis del Sueño

Por término medio, se considera que una persona, a lo largo de su vida, pasará casi un tercio de su tiempo durmiendo. Como bien sabemos, el sueño es un proceso imprescindible para la supervivencia, dado que en él se llevan a cabo funciones fisiológicas esenciales para el organismo, como las relacionadas con la homeostasis o los procesos de memoria y  aprendizaje. Se trata por tanto, y en contra de lo que podría parecer, de un proceso cerebral activo.

Durante el sueño normal se suceden ciclos de entre 90 y 100 minutos (4 o 5 ciclos por noche) en los cuales podemos distinguir cinco fases que van a ir alternándose, conocidas como fases 1,2,3,4 y fase REM. Ésta última, que correspondería al 20-25% del sueño total del adulto, resulta especialmente interesante dado que se trata de una fase de elevada actividad mental caracterizada por movimientos oculares rápidos (rapid eye movements, REM), una desincronización del electroencefalograma, muy similar al estado de vigilia, y una caída brusca del tono de la musculatura voluntaria o esquelética, quedando preservados el diafragma y los músculos oculares externos.

El individuo, plenamente consciente, tiene capacidad para mover los ojos pero no el resto de su cuerpo, pudiendo experimentar también alteraciones sensoperceptivas como alucinaciones auditivas o, más frecuentemente, alucinaciones visuales muy vívidas.

En ocasiones, esta atonía muscular puede persistir durante algunos segundos cuando el sujeto ya ha despertado, siendo entonces cuando hablamos de “parálisis del sueño”. El individuo, plenamente consciente, tiene capacidad para mover los ojos pero no el resto de su cuerpo, pudiendo experimentar también alteraciones sensoperceptivas como alucinaciones auditivas o, más frecuentemente, alucinaciones visuales muy vívidas.

Esto hace que la experiencia sea descrita como “aterradora” o por lo menos “muy desagradable”, y explica que durante muchos siglos el ser humano le haya otorgado a la parálisis del sueño un origen sobrenatural (en la mayoría de culturas “demonios” que poseían al individuo o se sentaban sobre su tórax, dificultando la respiración). De hecho, aunque el fenómeno era ya conocido en la Antigua Grecia, es en la última década cuando asistimos a un mayor interés por parte de clínicos e investigadores.

Estudios recientes hablan de que hasta un 7,6% de la población general experimentará al menos un episodio de parálisis del sueño a lo largo de su vida, siendo las cifras de prevalencia todavía más elevadas en determinados grupos, como estudiantes (28,3%) o pacientes psiquiátricos (31,9%). No se trata por tanto de un fenómeno inusual.

Como diagnósticos diferenciales se encuentran la narcolepsia (que cursa también con cataplejia o excesiva somnolencia diurna y alteraciones polisomnográficas) y el llamado “síndrome de parálisis del sueño recurrente”, caracterizado por múltiples episodios (al menos dos en los últimos seis meses) que interfieren en el funcionamiento del paciente y pueden dar lugar a síntomas obsesivos o ansiosos, con  conductas de evitación.

En estos casos, es importante consultar con un especialista para realizar un estudio del sueño y determinar si padece esta patologia.  en vistas a instaurar un tratamiento adecuado ya que la prescripción de benzodiazepinas no regula la globalidad y complejidad de esta enfermedad precisando un tratamiento con antidepresivos tricíclicos o con inhibidores de recaptación de serotonina.

Dra. Elisa Ibáñez. Psiquiatra de IVANE SALUD.

Jose Maria Marco. Psicólogo de IVANE SALUD.

Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria en Vithas Hospital Nisa Valencia al Mar.

Clínica de Desintoxicación y Patología Dual en Vithas Hospital Nisa Aguas Vivas., con un abordaje tanto farmacológico (tricíclícos ISRS) como psicoterapéutico.