Miedo al cambio y la adaptación de «lo nuevo»

Habitualmente, nos vemos en la tesitura de que la propia vida nos lleva a que se origine algún cambio o varios… Ya sea realizar algún cambio en nuestra rutina, cambiar de casa o de ciudad, dejar el empleo o una relación sentimental. Todo ello son situaciones que, pese a que suceden frecuentemente, generan en la mayoría de nosotros una reacción de miedo. Se podría definir como una sensación de vértigo e incomodidad; un temor que, en algunos casos, nos impiden avanzar y nos ancla a esa ya conocida zona de confort.

¿Por qué tememos a los cambios si muchos de ellos son buscados?

¿Qué hay detrás de ese miedo al cambio si muchos de ellos son buscados? Uno de los principales motivos podría ser el temor a equivocarnos con nuestra decisión o el miedo a aquello que desconocemos. En este caso, la cultura popular ya lo vaticina con el refrán “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Si bien es cierto que al sucederse un cambio sustancial en nuestra vida habrá factores que se verán influenciados, no significa que sea algo indeseable. En ocasiones, rechazamos oportunidades que suponen una clara progresión por el simple hecho de salir de nuestra área de dominio y entrar en un área donde, al ser inexplorada, aumenta la probabilidad de errar y con ello es posible sentirnos vulnerables, por lo que tratamos de evitar dicha sensación a toda costa.

Miedo a no dominar la situación

Otro de los factores que puede influir en el temor a los cambios es la autopercepción negativa de los recursos personales o el miedo a no dominar la situación. Cuando llevamos tiempo en una situación de estabilidad; es una realidad que controlamos, es cómoda y es fácil de gestionar: nuestra ciudad, nuestro trabajo, nuestros amigos… Cuando alguna de estas circunstancias se ve modificada se requiere una reacción por nuestra parte por adaptarnos a ella. Es frecuente que dicha reacción venga acompañada de una respuesta de estrés; al percibir que no disponemos de recursos suficientes para hacer frente al cambio o porque el temor que nos produce provoca que nuestra energía se enfoque en tratar de mantener el equilibrio y que el cambio no se genere pese a que somos conscientes de que el cambio es inevitable.

El aspecto biológico también parece influir en esta cuestión. Al parecer en los años de evolución de la especie, las respuestas codificadas para responder con éxito a las amenazas se basan en peligros naturales o más centrados en el bienestar físico que en el mental. Es decir, estamos biológicamente mejor preparados a responder al ataque de un animal salvaje que para enfrentarnos a amenazas sutiles como mudarnos de casa o la posibilidad de quedarnos cambiar de empleo.

Aprender a enfrentar los cambios

Por lo tanto, y puesto que vivimos en una sociedad que cambia a cada vez mayor velocidad, es urgente aprender y entrenar nuestra mente. Un consejo para aprender a enfrentar los cambios sería introducir algo nuevo diariamente: elegir otro camino para llegar a casa, probar un nuevo restaurante o comprar una nueva marca de cereales así rompemos la asociación de cambio-miedo y asumimos que el cambio es fruto de una elección personal. También es recomendable entrenar la capacidad de relativizar; lo que nos ayuda a tomar perspectiva y darnos cuenta de que las alteraciones sufridas a lo largo de nuestra vida han sido en su mayoría con fin enriquecedor.

Así pues, aumentar la confianza en nuestros propios recursos nos permite mantener la curiosidad por el descubrimiento de perspectivas distintas y el aprendizaje de nosotros mismos y el mundo que nos rodea. Considerando el cambio desde una visión positiva y constructiva.

Marta Escobedo. Psicóloga de IVANE SALUD.

Dr. Augusto Zafra. Psiquiatra y Director de IVANE SALUD.

Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria en Hospital Vithas Valencia al Mar.

Clínica de Desintoxicación y Patología Dual en Hospital Vithas Aguas Vivas.