Cuando hablamos de género nos referimos a todos aquellos comportamientos, funciones y actividades que dentro de la sociedad consideramos como típicos de las mujeres y de los hombres respectivamente, y que suelen diferenciarlos entre sí. Cada sociedad en particular suele contar con ciertos rasgos que se consideran como característicos de la masculinidad y de la feminidad, y esto va variando de cultura en cultura.
En virtud de lo anterior, dentro de los distintos hábitos de consumo de drogas en la sociedad podemos ver ciertos patrones de adicciones en cuanto al género, y precisamente de eso nos estaremos ocupando en el artículo de hoy.

Las adicciones y el género en la sociedad

Como bien mencionamos al principio, dentro de una sociedad existen ciertas características que suelen asociarse más a un género que al otro, y estos patrones de conducta regular relacionadas a mujeres y a hombres dentro de una determinada cultura también tiene su punto de encuentro en el mundo de las adicciones.
Hasta hace pocos años, el consumo de diferentes sustancias era una conducta que solía asociarse automáticamente a la población adulta y masculina, lo que llevó a que la relación de las drogas con las mujeres fuera realmente ínfima, sin abordajes especializados en los tratamientos o con pocos datos y estudios sobre el género.

Con la modernización, la globalización y los cambios sociales se redujo la brecha y la desigualdad de género, lo que hizo que las mujeres comenzarán a adquirir ciertos hábitos a los que antes no tenían acceso o de los cuales poco se sabia y como consecuencia los datos sobre adicciones dentro de su género comenzaron a aumentar así como a diferenciarse el acercamiento terapeútico a los problemas de adicciones en mujeres.

A la hora de comenzar a comparar y a observar números, podemos ver que una gran cantidad de personas de género femenino consumen sustancias como tabaco, somníferos, alcohol y cannabis de forma regular en su vida cotidiana, aunque el porcentaje sigue siendo menor al de los hombres.

Tomando como referencia consumos periódicos o regulares de sustancias, nos encontramos con que 74% de los hombres consumen alcohol contra un 52, 2% de mujeres; en el caso del tabaco, la brecha es menor con un 44% de hombres y un 34% de mujeres; la cocaína, considerada como una droga dura, se lleva el 2% en el género masculino contra el 0,2% de las mujeres; por último, la marihuana cuenta con un 11% de consumidores masculinos contra un 4% de usuarias femeninas.

Es fundamental que desde los diferentes organismos se comience a abordar y a analizar el tema del consumo y la adicción a las drogas desde una perspectiva de género mucho más inclusiva. Se deben tener en cuenta las diferencias y las particularidades que caracterizan a los hombres y a las mujeres para poder generar soluciones mucho más eficientes y realizar terapias y programas mucho más adaptados que incluyan factores diferenciales esenciales, y que influyen considerablemente en la forma de abordaje y las recuperaciones.