Cada persona es un individuo, con características y motivaciones únicas. Y a la vez, todas las personas necesitan de otras para desarrollarse plenamente. Esto quiere decir, por tanto, que el ser humano es un sujeto social, y como tal, requiere de la interacción y de la convivencia con otros seres humanos para educarse, desarrollarse y hasta reproducirse. Nadie puede vivir únicamente como individuo aislado. De hecho, el ser humano adquiere su condición humana a partir de su vínculo con otros.

Por todo ello, aquellas personas con dificultades en las interacciones sociales como en el trastorno de ansiedad social (más conocido como fobia social) en el que existe un miedo extremo a ser juzgado por otros y a sentir vergüenza en las interacciones sociales viviéndolas con elevada ansiedad, es uno de los trastornos mentales con mayor afectación de la vida diaria de aquel que lo padece, siendo además, uno de los trastornos con mayor prevalencia en la población.

Tradicionalmente, y como en la cualquier otro tipo de fobia, los tratamientos que han demostrado una mayor eficacia en el son los basados en técnicas de modificación de conducta, enfatizando en la exposición. Esta técnica consiste en exponer al paciente a aquello que le genera ansiedad, miedo o pánico (en este caso la interacción social) de forma progresiva. De esta manera, se pretende que la persona se vaya habituando a aquello que le teme sin evitarlo, tolerando la angustia o ansiedad que la situación le genere hasta que poco a poco vaya disminuyendo. La finalidad de todo ello es que observe que aquello que teme realmente, o las consecuencias que ha anticipado, no llegan a suceder; o por lo menos no tienen un carácter tan catastrófico o terrible como pensaba. Esta práctica ha resultado ser muy útil (siempre y cuando ésta sea guiada por un profesional), pero con el paso de los años y el desarrollo de la tecnología, la forma de interacción social ha evolucionado, por lo que las los tratamiento asociados también deberían hacerlo.

La aparición de las redes sociales abren una nueva forma de comunicación que puede ser un gran aliado en el proceso gradual de exposición a situaciones sociales en vivo con un margen de exposición controlado. Podría resultar un espacio positivo para los que padecen fobia social, ya que les dan la posibilidad de conversar e interactuar más frecuentemente con otras personas. El peligro de la utilización de estas herramientas es que se convierta en la única vía de comunicación, lo que convertiría las redes sociales una barrera al ser una solución temporal a su problema.

Para el éxito terapéutico es necesario que finalmente el paciente se enfrente a la situación real objeto de su temor en vivo, solo así podrá demostrarse así mismo que es capaz de enfrentarse al malestar que le provoca y superarlo. Es importante que a la exposición le acompañe la técnica de reestructuración cognitiva para que las ideas disfuncionales sobre sí mismo puedan modificarse.

Por todo ello, podríamos decir que las redes sociales son un elemento útil para el tratamiento de la fobia social pues aporta al paciente de un espacio virtual donde “ensayar”, pero no debemos olvidar que el objetivo final es que el paciente se pueda exponer a la situación real de interacción social favoreciendo el bienestar y el funcionamiento del paciente.

Marta Escobedo. Psicóloga de IVANE SALUD.

Dra. Alejandra González. Psiquiatra de IVANE SALUD.

Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria en Vithas Hospital Nisa Valencia al Mar.

Clínica de Desintoxicación y Patología Dual en Vithas Hospital Nisa Aguas Vivas.