Sabemos que la depresión no viene determinada por ningún elemento concreto ni único; son la interacción de aspectos de origen biológico-genético, psicológico y social, los que con el tiempo irán perfilando una mayor o menor probabilidad de padecer una depresión, si en una persona existe un desequilibrio entre las variables estrés-vulnerabilidad-afrontamiento.

A su vez, a nivel social son múltiples los elementos que pueden ser relevantes en la salud de una población. Por ejemplo, se ha visto como la creciente desigualdad de ingresos y de bienestar puede tener una repercusión negativa en la salud física y mental, y esto es similar a todos los países, con independencia de su nivel socioeconómico global.

En este sentido, las evidencias arrojadas en los últimos años parecen indicar que la desigualdad ejerce un efecto negativo en la cohesión y el capital social, aumentando el estrés crónico. Los hallazgos en la repercusión que esto puede tener en la salud mental han sido heterogéneos, en gran parte por la complejidad de los elementos estudiados, sin embargo es en la depresión donde más claros y más evidentes son los resultados, mostrando una relación claramente positiva con la desigualdad de ingresos.

Según Richard G. Wilkinson, autor de numerosos libros y artículos en los cuales el tema principal gira en torno a los efectos de la desigualdad social en la población, incide que en los países desarrollados las enfermedades mentales “son tres veces más comunes en aquellas sociedades donde hay mayores diferencias de ingresos entre ricos y pobres”.

Esta situación plantea múltiples hipótesis y son fuente de estudio con el objetivo de conocer cuales son los factores implicados y tratar de minimizar el impacto negativo sobre la salud mental.

Recientemente se ha publicado un estudio en el cual han colaborado miembros del Departamento de salud global y medicina social del Harvard Medical School de Boston junto con otras universidades de UK, India o Sudáfrica. En el mismo se aborda la cuestión de la desigualdad de ingresos y la relación con la prevalencia de depresión, explicando mecanismos potenciales que puedan justificar esta relación.

Los hallazgos evidenciados informan de una relación cuantitativa convincente entre la desigualdad de ingresos y la depresión, advirtiendo de que si la relación es causal cabría esperar un empeoramiento en la salud mental de la población a nivel global en los próximos años, ya que la desigualdad de ingresos continua aumentando en casi todos los países.

Hay que entender que existe una heterogeneidad de resultados en las distintas poblaciones dada la complejidad de los mecanismos, sus vías de acción y su modulación por una serie de factores contextuales que operan en diferentes niveles ecológicos.

Destacar que en dicho estudio, publicado en la revista oficial dela Asociación Mundial de Psiquiatría, se presentan una serie de indicaciones para intervenir en los diferentes niveles:

  • A nivel nacional, ingresos básicos universales e impuestos progresivos, fomentar una mayor igualdad de acceso y educación, de atención sanitaria, así como para mujeres y grupos de de minoría étnica.
  • A nivel local, intervenciones en la comunidad; fortaleciendo redes sociales, con una vigilancia y reducción del aislamiento social, asegurando el acceso equitativo y la participación en instituciones locales y la detección temprana basada en la población de sufrimiento psicológico en contextos de gran desigualdad.
  • A nivel individual, intervenciones de atención psiquiátrica; Promoción de la salud mental durante la infancia y la adolescencia para favorecer la resistencia a la adversidad en condiciones de gran desigualdad, acceso equitativo a servicios de atención psiquiátrica de calidad, psicoterapias con componentes de validación y eficacia interpersonal para contrarrestar el sentimiento de derrota social.

Los problemas individuales, sociales y ambientales están interconectados. Una distribución más justa y equitativa de ingresos así como mayores inversiones en intervenciones individuales para tratamiento y prevención de la depresión pueden ser determinantes para la salud de toda la población, tanto física como mental.

A este respecto, parece como que las actuaciones políticas, sanitarias y sociales enfocadas a la prevención de la aparición de enfermedad, promoción de la salud y aumento del bienestar del individuo y la población no tienen la misma importancia que actuaciones enfocadas en el tratamiento de la enfermedad cuando ya está instaurada. Parece obvio que tanto la prevención, como el tratamiento y como la rehabilitación son tres pilares fundamentales en la salud de la persona y de la sociedad en el que debe recaer equitativamente la asignación de recursos disponibles.

Dr. Fernando Andrés España. Psiquiatra de IVANE SALUD

Alberto Manero. Psicólogo de IVANE SALUD.

Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria en Vithas Hospital Nisa Valencia al Mar.
Centro de desintoxicación Valencia. Clínica de Desintoxicación y Patología Dual en Vithas Hospital Nisa Aguas Vivas.