En los últimos estudios realizados en Estados Unidos se ha encontrado que se ha producido un aumento en los trastornos de ansiedad en niños y adolescentes.

Según el Instituto Nacional de Salud Mental, la ansiedad es el trastorno más frecuente que afecta a un tercio de la población, aproximadamente.

La adolescencia es un periodo de desarrollo biológico, psicológico, sexual y social en el que se atraviesan por situaciones de estrés que generan malestar emocional. La esfera social adquiere gran peso en su vida, de modo que los adolescentes sienten la necesidad de ser aceptados por su grupo de iguales. Los chicos y chicas necesitan ser valorados positivamente, de modo que cualquier valoración que se realice puede suponer una fuente de ansiedad.

Por otro lado, la familia también representa un papel importante puesto que los adolescentes aprenden patrones de sus padres y madres. Los miedos y las inseguridades se pueden transmitir a los jóvenes, favoreciendo la aparición de la ansiedad. Si dentro de una familia se realizan criticas hacia los sentimientos negativos, puede provocar en el adolescente la supresión emocional, de modo que se pueden imitar las conductas de los progenitores fomentando así la conducta de evitación ante algunas situaciones. Por ello, la actitud que presente la familia es esencial en la aparición de la ansiedad.

Consecuencias de la ansiedad

La ansiedad que sufren los adolescentes se vive con un elevado malestar. En el diálogo interno aparecen pensamientos distorsionados como visión catastrófica: “Voy a fracasar en los estudios”; interpretación del pensamiento: “Seguro que piensan que soy ridículo”, “Seguro que nadie me aprecia”. Por lo que existen unos pensamientos que son disfuncionales y una preocupación excesiva. Se realiza una conducta evitativa ante sus temores con el fin de que la ansiedad disminuya temporalmente. Sin embargo, con esta conducta lo que se consigue a largo plazo es aumentar la ansiedad y disminuir la tolerancia ante esta, agravando la situación todavía más. De este modo, se dejan de realizar actividades propias de la edad y aumenta el aislamiento social. Como consecuencia, el rendimiento escolar disminuye a la vez que su autoestima mengua.

Existe una transformación en el entorno social, disminuyendo la sensación de aceptación de los demás debido a los cambios que acarrea la ansiedad. Se manifiestan el mal humor e irritabilidad y existe riesgo de que se produzca un consumo de drogas con tal de evadirse de sus problemas y tratar de reducir la ansiedad. Es posible que el trastorno de ansiedad aparezca juntamente con otras patologías como la depresión, de modo que si no se tratan a tiempo se pueden cronificar.

A la hora de buscar un tratamiento adecuado para este trastorno, es necesario que la familia se posicione con un papel activo hacia la recuperación del adolescente, adoptando patrones adaptados que sirvan como modelo. Es decir, además que buscar ayuda de un profesional y que el adolescente colabore, la familia también ha de realizar cambios significativos en el sistema de relaciones, emociones y conductas que favorezca el proceso de mejoría global del adolescente y del seno familiar.

En definitiva, es fundamental que el entorno familiar cambie su actitud hacia la ansiedad, generando otros comportamientos que sean más adaptativos, para que los adolescentes puedan desarrollar estrategias de gestión emocional a favor de su bienestar psicológico.

Clara Díez. Psicóloga de IVANE SALUD.

Dra. Giovanna Legazpe. Psiquiatra de IVANE SALUD.

Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria en Vithas Hospital Nisa Valencia al Mar.

Clínica de Desintoxicación y Patología Dual en Vithas Hospital Nisa Aguas Vivas.