Generalmente, el entorno cercano de un adicto se acaba viendo arrastrado por buena parte de los problemas de éste y se ve afectado también por sus consecuencias. La solidaridad familiar que en los momentos iniciales trata de ayudar a la persona que consume termina por desgastarse y se convierte en recelo y evitación cuando con el tiempo estos intentos se muestran infructuosos y la persona recae.

Aparece entonces la desconfianza, la pérdida de fe en la capacidad de la persona consumidora para luchar por una meta que apueste por su salud y ser capaz de conseguirla… la pérdida de fe en la posibilidad de que esa persona adicta a las drogas se recupere.

Motivos que producen desconfianza

Los motivos por los que la relación entre el adicto y su familia pierden la confianza pasan en primer lugar por las mentiras. Uno de los aprendizajes más desarrollados de los adictos es el de mentir a todo quien le rodea, e incluso a sí mismos: dinero derrochado, faltas en el trabajo, amistades extrañas, olvidos aparentemente casuales de citas, cambios de humor frecuentes, promesas incumplidas (de devolver un dinero, de pasar más tiempo con la familia, de empezar a cambiar esta vez sí…).

La mentira forma parte ineludible de la adicción, y cuando tarde o temprano es descubierta, las relaciones ya no serán nunca igual. ¿Qué le impide volver a mentir? Ser honesto y decir la verdad exigen al adicto un esfuerzo considerable: de fidelidad con unos valores que había perdido, de responsabilidad con lo prometido a unas personas, de cumplir y resistir ciertas situaciones para recuperar la imagen perdida. Sin embargo, mentir era tan fácil… hace que sea más sencillo salir del paso al principio, sin un gran esfuerzo, hasta que le descubren, y todo se complica más.

Los intentos fracasados para dejarlo son otro de los factores que alimentan la desconfianza. Los familiares suelen quejarse de que han visto tantas veces salir para volver a caer al cabo de un tiempo, que su actitud ante cualquier nueva intentona es de recelo o de resignación, más que de esperanza.

El problema es que la adicción es un trastorno complejo, cuyo tratamiento no es sencillo, breve ni fácil, en especial cuando la persona consumidora lleva mucho tiempo consumiendo. Es por ello que las recaídas son una parte más del proceso de recuperación, si bien no es algo que las familias asuman con facilidad.

A esto hay que sumar que en muchas ocasiones los propios adictos en proceso de recuperación buscan motivarse para dejarlo marcándose metas muy atractivas pero excesivamente ambiciosas, que pronto se muestran lejanas de conseguir, con lo que sus esfuerzos decaen y aparece la recaída. Los familiares, que al principio podían mostrarse ilusionados con las señales de cambio que el adicto les ofrecía, ven como sus esperanzas se desvanecen de la noche a la mañana sin aparente explicación, por lo que su actitud ante los próximos intentos de salir será muy escéptica.

Esto se puede relacionar con un último elemento que ayuda a entender la desconfianza familiar: el desconocimiento e incomprensión del proceso de la adicción. Como ya hemos dicho, la adicción no es para nada un proceso sencillo. Tratar de simplificarlo, especialmente desde posturas externas, lleva a juicios superficiales llenos de estereotipos y de reproches (“Si saben que es perjudicial, ¿por qué vuelven a consumir?”) que complican la relación entre el adicto y su familia, y con ello el éxito de su recuperación.

Las mentiras, el fracaso de los distintos intentos, las metas demasiado ambiciosas y la incomprensión y falta de información de la complejidad del proceso adictivo son, en resumen, los principales factores que favorecen la aparición de la desconfianza.

Reconstruir esa relación y volver a contar con la confianza del entorno cercano no es tarea fácil. Requiere un trabajo intensivo en el que la propia familia se tiene que implicar como parte activa, sea recibiendo información para poder entender mejor lo que la deshabituación y rehabilitación supone, o sea incluso recibiendo ayuda terapéutica para drenar sus miedos y frustraciones, para no tener que descargar su ira ni su malestar en el hipersensible adicto, poniendo con ello en riesgo el proceso de recuperación.

La familia necesita atención de profesionales para mejorar su estado de ánimo y su forma de ayudar al adicto. Y el adicto necesita consejo para poder recuperar esa confianza que el abuso le hizo perder.

En Clínica IVANE llevamos a cabo sesiones con los familiares, con el fin de mejorar en todo lo que sea posible estos aspectos durante el programa de desintoxicación de 21 días, y recomendamos a las familias que se apoyen en la ayuda que los especialistas les pueden brindar a lo largo del proceso de tratamiento para conseguir la abstinencia.

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