TRASTORNO POR SOMATIZACIÓN
Atención profesional, humana y cercana para personas adultas
El Trastorno de Síntomas Somáticos, anteriormente conocido como TRASTORNO POR SOMATIZACIÓN, es una condición de salud mental caracterizada por la presencia persistente de síntomas físicos que causan un profundo malestar en la vida cotidiana de quien los sufre. Estos síntomas pueden o no estar asociados a una enfermedad médica identificable, pero lo que define el trastorno es la preocupación excesiva, el sufrimiento emocional y la alteración funcional que provocan.
Estudios recientes (p.ej., Van den Bergh et al., 2023, The Lancet Psychiatry) muestran que la forma en que el cerebro procesa las sensaciones corporales puede estar alterada en personas con este trastorno, reforzando la idea de que no es “todo psicológico”, sino un trastorno de procesamiento mente-cuerpo.
Además, se investiga el papel de la neuroinflamación, el estrés crónico y los factores genéticos, que podrían explicar por qué algunas personas son más vulnerables a desarrollar esta condición. Este trastorno puede presentarse a cualquier edad, aunque suele comenzar en la adolescencia o en la adultez temprana.
PREVALENCIA ESTIMADA: se calcula que entre el 5% y el 7% de la población general puede cumplir criterios diagnósticos en algún momento de su vida (APA, DSM-5-TR, 2022).
Es más frecuente en mujeres que en varones. En personas mayores, es común que pase desapercibido, ya que los síntomas se atribuyen erróneamente al envejecimiento natural o a enfermedades crónicas ya diagnosticadas. En niños y adolescentes, el entorno familiar juega un papel clave, especialmente la forma en que las figuras de apego responden al malestar físico y emocional.
Los síntomas pueden ser muy variados. Algunos de los más comunes incluyen: Fatiga persistente; Dolor abdominal o molestias digestivas; Dolores musculares o articulares; Cefaleas; Palpitaciones o dificultad para respirar; Sensación de debilidad generalizada.
Estos síntomas suelen ser intensos y angustiantes, y no siempre responden a un patrón médico claro. A veces coexisten con enfermedades médicas reales, pero el nivel de malestar experimentado es desproporcionado en relación con la gravedad de la afección física.
Lo que caracteriza este trastorno no es solo la presencia de síntomas físicos, sino la forma en que la persona los interpreta y responde a ellos. Las personas con Trastorno de Síntomas Somáticos suelen:
REALIZAR INTERPRETACIONES CATASTRÓFICAS DE SEÑALES NORMALES DEL CUERPO
SENTIR ALTOS NIVELES DE ANSIEDAD Y DESESPERANZA
REALIZAR VISITAS FRECUENTES A DISTINTOS MÉDICOS Y ESPECIALISTAS
Este “peregrinaje médico” —también llamado medical shopping— es una búsqueda de respuestas que rara vez alivia el sufrimiento, ya que el foco del problema no está exclusivamente en el cuerpo, sino en la forma en que este malestar se percibe y se vive.
Diversas situaciones pueden favorecer el desarrollo de este trastorno
− Antecedentes de enfermedad médica grave en la infancia o en familiares cercanos
− Vivencias traumáticas relacionadas con la salud
− Presencia de otros trastornos mentales, como ansiedad o depresión
− Entornos familiares con alta atención a la enfermedad y refuerzo del rol de paciente
− Alta sensibilidad interoceptiva (percepción aumentada de las sensaciones del cuerpo)
Una de las barreras más comunes al comprender este trastorno es la falsa creencia de que el sufrimiento no es real porque “los análisis salen bien”. Nada más lejos de la realidad. Las personas con este trastorno sufren intensamente, a menudo con un nivel de dolor y limitación comparable al de enfermedades físicas crónicas.
La ciencia ha demostrado que existen alteraciones en circuitos cerebrales relacionados con la percepción del dolor, la ansiedad y la anticipación. En estos casos, el cuerpo se convierte en escenario del malestar psicológico, que se expresa físicamente porque no encuentra otro canal de salida.
Con el tiempo, muchas personas con este trastorno tienen un elevado impacto en su funcionamiento cotidiano: Abandonan actividades físicas o sociales por miedo a empeorar; Se aíslan; Modifican su dieta o hábitos de manera restrictiva; Pierden oportunidades laborales o académicas.
Esta adaptación progresiva al rol de “enfermo crónico” agrava el problema, generando un círculo vicioso de limitación, ansiedad y más síntomas.
Diagnóstico y abordaje médico
El diagnóstico requiere una evaluación cuidadosa y empática. No se trata de “descartar todo” para luego decir que “es psicológico”, sino de realizar un estudio médico proporcionado que descarte enfermedades importantes, sin caer en la sobreexploración que puede reforzar el miedo a estar enfermo.
El DSM-5-TR (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) enfatiza tres aspectos clave para el diagnóstico:
1. Síntomas físicos persistentes (más de 6 meses)
2. Pensamientos, sentimientos o comportamientos desproporcionados en relación con los síntomas
3. Deterioro significativo en la vida personal, social o laboral
Tratamiento: cuerpo y mente trabajando juntos
El enfoque ideal es multidisciplinar, con la participación de atención primaria, especialistas médicos y salud mental. Los pilares del tratamiento incluyen:
- Psicoterapia cognitivo-conductual (TCC): considerada la más eficaz. Ayuda a identificar pensamientos distorsionados, reducir la hipervigilancia y fomentar estrategias adaptativas de afrontamiento.
- Educación psicoemocional: fundamental para desestigmatizar el trastorno y empoderar a la persona en el manejo de su salud.
- Tratamiento farmacológico: en casos necesarios, especialmente si hay síntomas depresivos o ansiosos asociados. Se pueden utilizar antidepresivos (como los ISRS) en dosis bajas.
- Activación conductual: fomento de rutinas saludables, actividad física progresiva y reintegración social.
Una relación médico-paciente basada en la confianza, la continuidad y la validación del sufrimiento es clave para mejorar la evolución del cuadro.
El Trastorno de Síntomas Somáticos no es fingido, ni imaginario, ni inventado. Es una condición real, dolorosa y tratable. Entender que el cuerpo puede expresar sufrimiento emocional a través de síntomas físicos es un primer paso hacia la recuperación.
Para familiares, lo más importante es:
Evitar reforzar el rol de enfermo.
No minimizar ni dramatizar los síntomas.
Acompañar con empatía, sin caer en la sobreprotección.
Fomentar la búsqueda de ayuda profesional en salud mental.
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