La esquizofrenia ha sido considerada clásicamente como una de las enfermedades mentales más deteriorantes e incapacitantes.

Caracterizada por su heterogenia manifestación clínica, en la esquizofrenia se pueden distinguir varios tipos de síntomas:

  • Síntomas Positivos: como alucinaciones (ver o escuchar cosas que no existen), delirios (creencias que no son ciertas), pensamientos desorganizados con falta de razonamiento lógico o comportamientos extraños o agitaciones.
  • Síntomas Negativos: Aplanamiento afectivo y disminución de la fluidez y del pensamiento
  • Síntomas cognitivos: alteraciones en la atención, concentración, memoria y ciertas funciones ejecutivas.

Por estos motivos, los pacientes con esquizofrenia pueden sufrir un deterioro de su capacidad en una o varias áreas importantes para la vida, como son las relaciones interpersonales, el trabajo o la formación, la vida familiar, la comunicación y los autocuidados.

No hay un tratamiento que cure la enfermedad aunque si que hay planes terapéuticos individualizados que con distintas intervenciones (farmacológicas, psicoterapéuticas y sociales), ayudan a mantener una estabilidad, reducen el deterioro y favorecen la integración.

Podemos decir que la esquizofrenia ha sido una de las enfermedades más estudiadas desde hace décadas; lo cual nos permite acumular un conocimiento que convenientemente aplicado puede cambiar la visión que teníamos de  una enfermedad “a priori” altamente deteriorante e incapacitante. En este sentido, estudios muy relevantes han considerado a la esquizofrenia como una enfermedad que dentro de esta manifestación deteriorante en varios sentidos, ha tenido su correlación a nivel neuroanatómico, evidenciándose alteraciones físicas en los cerebros de estos pacientes con modificaciones en sustancia blanca y gris (lobulos frontales, hipocampo, temporal…).

Recientemente, un estudio multicéntrico internacional, liderado desde la Universidad de Pennsylvania (Dres. Chand y Davatzikos) y en el que participa el grupo del CIBERSAM que lidera Benedicto Crespo-Facorro en el Hospital Universitario Virgen del Rocío- Instituto de Biomedicina de Sevilla (HUVR-IBIS) e IDIVAL, ha arrojado datos relevantes al respecto.

En el estudio, se han analizado más de 300 pacientes sanos y con esquizofrenia mediante una técnica innovadora de análisis estadístico de inteligencia artificial denominada (HYDRA), que permite  identificar patrones diferentes entre pacientes y controlando los efectos de variables que afectan a la estructura cerebral como son edad, sexo o tipo de resonancia, entre otros.

Los hallazgos parecen indicar que más de un tercio de los pacientes estudiados no presentan las alteraciones anatómicas clásicamente descritas en la esquizofrenia, es decir, no evidencian pérdida de sustancia gris de manera destacada y en algunas zonas como los ganglios basales está incluso más desarrollada.

Han indicado los propios realizadores del estudio que se podría diferenciar dos tipos de esquizofrenia según dichos cambios cerebrales, lo que permite abrir nuevas vias de investigación y tratamientos más eficaces e individualizados.

Causas de la Esquizofrenia

Conviene indicar que la esquizofrenia es una enfermedad tremendamente compleja, con múltiples manifestaciones clínicas y cuyo pronóstico es también variado. Las causas de la misma se desconocen también con precisión y está influida por múltiples factores.

Existen factores genéticos que generan una predisposición para el trastorno, pero que en un determinado ambiente y junto a factores psicológicos y sociales pueden precipitar su aparición, a su vez, hay múltiples factores que pueden influir para bien o para mal en la evolución de la enfermedad.

Los hallazgos encontrados en los últimos estudios nos indican diferencias anatómicas cerebrales relevantes, pero conviene analizar los resultados con detenimiento para poder extraer las mejores conclusiones de dichos hallazgos.

Hay todavía mucho por descubrir acerca de la enfermedad, pero es importante entender que estos estudios nos acercan y abren puertas para ello. No sabemos con claridad si estas diferencias en los cerebros se relacionan con variaciones clínicas destacadas, si responden mejor al tratamiento unos tipos de esquizofrenia u otros, o si cognitivamente se deterioran por igual.

Debemos plantearnos también si por ejemplo el estilo de vida, especialmente la dieta o el ejercicio físico puede haber influido en estas diferencias neuroanatómicas. Todos estos factores sabemos que existen, están ahí e influyen de alguna manera, por lo que ir ampliando los estudios y en definitiva los conocimientos al respecto nos ayudará a entender mejor el origen y el tratamiento de la enfermedad.

Dr. Fernando Andrés España. Psiquiatra de IVANE SALUD.

Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria en Hospital Vithas Valencia al Mar.

Clínica de Desintoxicación y Patología Dual en Hospital Vithas Aguas Vivas.