Enfermedad Bipolar y calidad de vida ¿Son incompatibles?

Cuando hablamos de enfermedad bipolar estamos abarcando un conjunto de enfermedades mentales en las cuales existe una alteración del estado de ánimo cíclica, crónica y deteriorante. El trastorno bipolar  es la principal referencia, hallándose en la población entre el 1 y el 2%. Existen otro tipo de trastornos de carácter similar pero diferenciándose del TB en algunos síntomas, duración o intensidad, con una prevalencia conjunta en la población de hasta el 5%.

Se viene observando en los últimos años, y cada vez con mayor peso, cómo los factores genéticos y ambientales son fundamentales para el inicio y el desarrollo de la enfermedad.

El padecimiento de este tipo de enfermedades implica una repercusión grave en distintas esferas de la vida del paciente, pudiendo verse afectadas las relaciones familiares y sociales, el rendimiento académico y laboral, la salud emocional, así como la salud física entre otros.

Las evidencias recogidas en los últimos años demuestran la existencia de diversos factores que están afectando a la salud física y mental del paciente, y que están directa o indirectamente ligados con el trastorno bipolar. Existe una elevada comorbilidad en este sentido.

A nivel físico, destacar que existe un mayor riesgo de llevar un estilo de vida poco saludable, con tendencia al sedentarismo, a un mal control de la alimentación o al consumo de sustancias adictivas (alcohol, tabaco, u otro tipo de sustancias). Todo ello es más fácil que ocurra sobre todo durante las fases de descompensación, en las que existe poco control, sin embargo existen una serie de hábitos asentados que tienden a perpetuarse con el tiempo, favoreciendo la aparición de otro tipo de enfermedades físicas como la obesidad. Además, la existencia de una mayor vulnerabilidad al estrés también vendrá a repercutir en dichos estilos favoreciendo a su vez las recaídas.

A nivel cognitivo se sabe desde hace algunos años que existe una afectación relevante en los pacientes bipolares. Capacidades como la atención, la concentración o la memoria, han sido estudiadas en estos pacientes, y se ha visto que en un porcentaje destacado  existe un grado de afectación. Destacar que, no parecen verse alteradas únicamente durante las fases de descompensación, sino que pueden persistir y agravarse con el tiempo a medida que se producen más crisis. Esto viene explicado porque parece existir un mayor deterioro neuronal, debido a un elevado sufrimiento de las neuronas durante “las crisis” y posteriormente a una menor capacidad de regeneración y adaptación de las mismas. La existencia de bajas concentraciones de factores neuroprotectores (BDNF) y de otras proteínas con funciones reguladoras de la actividad neuronal frente al estrés (EGR3) explica en parte dicho deterioro funcional, característico de estos pacientes.

Existe por tanto una elevada comorbilidad en esta enfermedad, lo que genera un elevado sufrimiento, una calidad de vida en muchos casos marcadamente deteriorada, y una esperanza de vida reducida. Sin embargo, la detección temprana de la enfermedad nos debe llevar a un trabajo tanto con el paciente como con la familia que en su conjunto favorezca la estabilidad, la conciencia y la adherencia terapéutica, la práctica de estilos de vida saludables y en definitiva, el poder llevar una vida dentro de la normalidad y con calidad. Probablemente en el futuro, gracias a nuevos fármacos que se están investigando en relación a los factores neuroprotectores, se conseguirá frenar del todo el daño neurológico causado por esta enfermedad.

Dr. Fernando Andrés España. Psiquiatra de IVANE SALUD.

Jose Maria Marco. Psicólogo de IVANE SALUD.

Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria en Vithas Hospital Nisa Valencia al Mar.

Clínica de Desintoxicación y Patología Dual en Vithas Hospital Nisa Aguas Vivas.