El trastorno bipolar en la infancia y la adolescencia

La prevalencia de personas adultas que padecen algún tipo de trastorno bipolar, el denominado “espectro bipolar” se sitúa en torno al 5% de la población. El trastorno bipolar tipo 1, que se identifica como la patologia bipolar que puede cursar con mayor incidencia de hospitalización psiquiátrica y que puede cursar con estados de manía, estados mixtos o estados depresivos, aparece el refrendado en el 1% de la población.

La mayoría de las personas que desarrollan un trastorno bipolar con independencia del tipo que sea suele presentar síntomas del estado de ánimo antes de los 20 años.

En la última década parece haberse disparado la incidencia y prevalencia del Trastorno Bipolar en niños y adolescentes, esto siempre hace que nos preguntemos en la posibilidad de un sobrediagnóstico; por contra, cabe pensar también que durante mucho tiempo se había descuidado la presencia de este trastorno en la infancia y sus manifestaciones sintomáticas precoces.

Estudios recientes sobre prevalencia y trastorno bipolar en niños y adolescentes sugieren que:

  • Primero, es similar a estimaciones actuales de prevalencia del Trastorno Bipolar en adultos, siendo muy parecidas en la mayoría de los países estudiados.
  • No existe un aumento de su incidencia en la comunidad, aunque se diagnostica con más frecuencia en los contextos clínicos.

Generalmente la edad de inicio se suele presentar en la etapa más joven del adulto, siendo un 60% antes de los 20 años y solamente el 10-20% presenta el inicio antes de los 10 años.

El inicio pre-puberal suele asociarse con una evolución más grave de la enfermedad, así como peor pronóstico y mayor cronificación de ciertos síntomas, sobretodo las que pueden afectar a la dimensión cognitiva. Esto es debido a que en psiquiatría existe el denominado “tiempo de enfermedad acumulada” en el que cuanto más tiempo un organismo padece un trastorno mental de cierta severidad, conlleva una evolución más tórpida en términos generales.

Otras características que aparecen referenciadas en la literatura científica como un nivel socioeconómico bajo; sintomatología afectiva mixta, ciclación rápida, la presencia de trastornos comórbidos o la existencia de eventos vitales estresantes tienen un peso importante en la evolución y en los resultados terapéuticos aunque algunos autores los sitúan como factores de impacto evolutivo en un escalón inferior al tiempo de enfermedad acumulada.

En este sentido, la presencia de síntomas afectivos en el niño o adolescente sugerentes de padecimiento de trastorno bipolar aconseja que los padres esten atentos a los cambios de humor y del comportamiento del menor, ya que puede suponer una pronta evaluación y un diagnóstico acertado. Aun así, con cierta recurrencia se puede confundir el Trastorno bipolar con otro tipo de trastornos del estado de ánimo, como depresión, Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), problemas de conducta o trastorno oposicionista o disocialidad.

En ocasiones puede empezar a tratarse porque existe un fracaso académico detrás, problemas con abuso de sustancias, problemas legales, intentos de suicidio o un comportamiento desinhibido o sexualmente demasiado activo para su edad, sin detectarse en un primer momento el Trastorno bipolar.

Los cinco síntomas que más deben hacer pensar en dicho diagnóstico en la infancia son:

  1. Alteraciones marcadas del estado de ánimo: síntomas propios de manía, depresión e irritabilidad, pasando en cuestión de horas o días de un estado eufórico y/o irritable a estar triste y sin energía, sin interés por nada y sin disfrutar de las actividades con las que solía hacerlo anteriormente.
  2. Problemas conductuales: se manifiesta en una necesidad de moverse y un descontrol conductual que le lleva a la desobediencia y a la rebeldía. Esto puede derivar en alteraciones de conducta graves y de riesgo.
  3. Conducta ansiosa: se suele manifestar como estados de ansiedad que van desde elevada tensión interna, hipervigilancia, distraibilidad, miedo e insomnio.
  4. Alteraciones cognitivas: un porcentaje destacado suelen presentar un pensamiento alterado, generalmente acelerado, con presión al hablar y en ocasiones con fugas de ideas que dificultan la atención y el desarrollo lingüístico. Pueden presentar además alucinaciones y delirios.
  5. Trastornos psicofisiológicos: la más destacada es la alteración del sueño, ya que en las fases maníacas desaparece la necesidad de dormir. Puede aparecer también pérdida de apetito asociada y en ocasiones problemas de enuresis, que puede venir delimitada por la fase maníaca.

Los registros o diarios de estado de ánimo, utilizando el año escolar, cumpleaños o vacaciones como referentes, suelen ser de gran utilidad para evaluar y monitorizar síntomas y episodios.

Estos instrumentos pueden ayudar a los niños, a los padres y a los profesionales a hacer más visible el curso del estado de ánimo. De este modo pueden identificarse los factores o eventos que desencadenan la depresión, la hipomanía o manía, la irritabilidad o las alteraciones del sueño y examinar también la respuesta al tratamiento.

Pueden emplearse colores o calificaciones para registrar los cambios diarios en el estado de ánimo junto con los factores de estrés, enfermedades y tratamiento.

Dr. Fernando Andrés España. Psiquiatra de IVANE SALUD.

Dr. Augusto Zafra. Director de IVANE SALUD.

Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria en Vithas Hospital Nisa Valencia al Mar.

Clínica de Desintoxicación y Patología Dual en Vithas Hospital Nisa Aguas Vivas., con un abordaje tanto farmacológico (tricíclícos ISRS) como psicoterapéutico.