El alcohol es una de las drogas por excelencia con una forma de consumo social. Asociada a comidas, celebraciones y fiestas es también su capacidad de desinhibir socialmente la que lo hace protagonista especial de este tipo de actos.

Pero ese consumo social puede ser un arma de doble filo, ya que lo que en algunas ocasiones es una forma de control del abuso (solo se consume en esas ocasiones y con gente que puede controlar los posibles excesos), muy fácilmente puede llegar a convertirse en un potenciador del consumo y facilitador de la adicción, puesto que resulta muy sencillo buscar compañeros de consumo que den rienda suelta a una forma de beber excesiva y problemática: en definitiva, beber con gente que bebe tanto o más que uno mismo reduce el sentimiento de culpa con la forma de beber propia.

Pero el alcohol es una de las drogas más adictivas, a pesar de su legalidad. Resulta extremadamente fácil pasar de un consumo social a uno puramente personal, aislado y apartado de otros bebedores, huyendo de la vista y el juicio de los demás. Esa huida que implica una conciencia de que uno está bebiendo demasiado, pero una conciencia que duele y que se trata de ignorar evitando beber a la vista de otros, y con ello sus críticas y reproches. Se termina escondiendo bebida en los lugares más insospechados, jugando de forma infantil al gato y el ratón con la familia y amistades, y perdiendo de vista la verdadera dimensión que ha adquirido el problema para llegar a ese punto de beber a escondidas.

Si queremos saber si existe un riesgo de consumo, deberemos prestar atención a los siguientes aspectos:

  • ¿Se ha sentido alguna vez con la necesidad de disminuir su consumo de alcohol?
  • ¿Se ha molestado alguna vez porque la gente ha criticado su forma de beber?
  • ¿Se ha sentido alguna vez mal o culpable por la forma en que bebe?
  • ¿Se ha tomado un trago al despertar para curar los nervios o calmar la resaca?

La respuesta afirmativa en al menos tres de ellas implica la fuerte sospecha de problema de la existencia de un consumo perjudicial de alcohol o una adicción instaurada cuya recomendación sería solicitar el asesoramiento de un profesional especializado en adicciones y en patología dual para realizar una evaluación médica y psicológica, así como un despistaje real de la existencia de una conducta adictiva.

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