En la reciente Asamblea Nacional de Proyecto Hombre, celebrada en Málaga, los responsables de la asociación ofrecieron cifras de incidencia tratamiento de las distintas sustancias y pusieron sobre la mesa algunos datos relevantes. Uno de los principales fue el hecho de que la cifra de jóvenes atendidos por consumo de cannabis en 2015 aumentó en un 9,28% respecto a 2014.

En este sentido, el presidente de la asociación, Luis Bononato, señaló que una de las principales causa para este aumento es el escaso conocimiento que los jóvenes tienen sobre los peligros que entraña este consumo y el baja asunción de consecuencia de daño a corto y largo plazo.

Otro dato destacable fue la disminución de la edad de inicio de consumo de cannabis, existiendo datos que arrojan una precocidad en la edad que el adolescente tiene contacto con el primer porro.

Estos resultados ponen en evidencia la importancia de aspectos como la percepción del riesgo en la génesis o mantenimiento de los consumos de sustancias. La percepción del riesgo es el conjunto de conocimientos e información que posee una persona en torno al peligro o riesgos que puede implicar una actividad, en este caso el consumo de cannabis, información que puede ayudar a evitar el consumo, o al menos a reducir su presencia.

La percepción del riesgo es uno de los elementos que se desarrollan en los programas de prevención del consumo de sustancias, junto con el desarrollo de habilidades de manejo social, y también lo es en los programas de desintoxicación y especialmente en la prevención de recaídas.

En efecto, aquellas personas que se han visto atrapadas por una adicción y han recibido un tratamiento para recuperar la abstinencia suelen verse acechadas por pensamientos permisivos que buscan volver a consumir: “por uno no pasará nada”, “hay cosas peores”, “es una ocasión especial”, “me lo he ganado”… son ejemplos de ideas o creencias que no tienen en cuenta el riesgo inherente a volver a consumir después de una desintoxicación, y en la medida que se advierta y se deje bien claro el peligro de volver a consumir, aunque sea de forma aislada, la probabilidad de recaer será muy elevada.

En este sentido, existen cuatro factores del entorno que pueden favorecer el mantenimiento de un consumo activo en el joven:

  • El contexto social de permisividad en el grupo social de iguales en los que existe un arraigo cultural de fumar cannabis. No consumir cannabis supone ser apartado de una red social y un ocio habitual.
  • Inexistencia casi total de campañas de prevención en grupos de riesgo en los que se objetiva antecedente personales o familiares de patología mental o patología adictiva previa.
  • Abordajes sistémicos del adolescente y la familia por parte de los recursos sociosanitarios con escasa priorización por parte de la cartera de servicios del sistema público.
  • Corrientes de pensamiento social y político centrada en discusiones que alejan el problema del consumo de cannabis y sus posibles consecuencias en el cerebro en neurodesarrollo en el adolescente y las repercusiones personales, familiares, sociales y funcionales a medio y a largo plazo en individuos vulnerables.

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