Abandonar una adicción (a la droga u a otra cosa) no es fácil, pero es posible. Esta carta de adiós a la droga es una prueba de ello. ¡Adelante!

Once años después del primer intento, convencida de que te decía adiós, me vuelvo a ver en esta situación, la de coger el borrador y borrar la pizarra para que desaparezca y lo que aparezca sea polvo de tiza, nada más.

Has dejado tantas marcas en mi maltrecho cuerpo, en mi cabeza y en los seres que me aman que llevo una carga demasiado grande para tomarla de un plumazo, sé que cuando pase este borrador ya apenas se distinguirán, porque lo he comprado en El Corte Inglés, no en los chinos y borra perfectamente.

Cuando entre el siguiente profesor en el aula, la pizarra estará vacía.

Una noche de estas semanas ha ocurrido un milagro y lo que hacía que volvieras a inocularme, que era mi adicción, ha desaparecido. No sé el momento exacto pues en este sitio rodeada de personas tan estupendas, desde las chicas de recepción hasta el psiquiatra, es imposible darse cuenta de estas cosas. Siempre me he sentido a gusto, apoyada, valorada y me he dado cuenta de que tengo que creer en mí misma, quitarme etiquetas y actuar para cambiar, sin miedo, saliendo de la zona de confort y seguir creciendo, aprendiendo, mejorando para llegar a abrazar mis sueños, metas, objetivos sin cortapisas, dejando a un lado las creencias y recuperar a esa niña tan pura que fui, disfrutando del proceso como si cada momento fuera el último que me toca vivir.

Siempre he dicho que no me voy a rendir, pero ahora no lo veo así, sí no hay guerra no hay rendición y yo he acabado mi guerra contigo. Me has ganado ya demasiadas veces y creo que lo vamos a dejar en tablas.

Ni un euro, ni una neurona, ni un leucocito más te voy a dar, vengas en botella, en bolsita, papelina o cualquier otro recipiente.

Se acabó, ahora sí, mejor dicho: Ahora digo NO, a ti droga hija de la tierra (es una Santa) pero lo tuyo no tiene nombre, miles de personas subyugadas, muerte, destrucción por donde pasas. ¿No te da vergüenza? Podías solo haber sido buena en determinados momentos pero con eso no te conformas quieres acaparar y la mejor manera es haciendo el mal. Que hablen de ti, aunque sea mal.

No te tengo miedo y creo que éste es el que me paralizaba hasta hora.

Adiós, voy a barrer la tiza que ha caído y a tirarla por el retrete no vaya a ser que alguien se confunda y la esnife.

Eres de muchos colores pero no te puedes comparar con todo lo que poseo, dentro y fuera de mí, que como dice Rosario es “de mil colores”.

La espuma de tu cerveza será la de la piscina al tirarme, tu humo será el del invierno, tu aguja será mis palos de colores de recoger el pelo, tu pipa serán los besos de mi amado, tu plata será la de mis abalorios y nunca, nunca más me seducirán.

Hasta ahora tuya y hasta nunca”