El estudio del consumo, abuso y dependencia del THC se ha ido ampliando en las últimas décadas. El interés en parte reside en que es una de las drogas más consumidas en todo el mundo y en que existe un sistema propio a nivel endógeno con sus receptores y sus ligandos endógenos diferenciados.

Presenta múltiples diferencias farmacocinéticas y farmacodinámicas con otras drogas, y a su vez ciertas similitudes que han querido conocerse para entender mejor su mecanismo de acción y qué implicación y relación tiene con el abuso y la dependencia.

Se ha visto que el uso del cannabis está muy relacionado con su acción por el refuerzo positivo y negativo que supone, lo que lleva a una mayor probabilidad de repetir la autoadministración.

Se ha estudiado su implicación sobre el circuito de recompensa a través de modular el tono dopaminérgico en dichas regiones cerebrales. Esto puede explicar que se utilice ocasionalmente de forma abusiva, buscando el refuerzo cerebral y que suele ser común a diversas drogas.

La activación de los circuitos de recompensa y el efecto que ello tiene sobre el consumo, pasa por la integridad y la disposición de dichas vías, siendo algunas vías más sensibles que otras a los efectos de los cannabinoides. Una de las estructuras principales relacionadas con la recompensa y con el abuso de las drogas es el núcleo accumbens. A través de experimentos con cannabinoides se ha podido demostrar su activación e implicación en la búsqueda de recompensa, también con esta droga.

En su relación con el sistema adrenal y glucocorticoideo, puede entenderse que los cannabinoides pueden actuar como estresores químicos, lo cual puede dar pié secundariamente a que el consumo de cannabis es un factor de vulnerabilidad a los efectos adictivos de las drogas

Gran parte de los estudios iniciales con cannabis se han ido realizando en ratones y primates, de donde se ha ido obteniendo evidencia y de ahí se han ido extrapolando una serie de hipótesis que sean válidas para explicar su funcionamiento y comportamiento en el ser humano, como se ha hecho en los estudios sobre el circuito refuerzo y  de recompensa.

En los modelos animales lo que se ha podido observar también es el estímulo que representa el entorno, respecto a los deseos y búsqueda de la droga, lo cual se ha podido también comprobar en el estudio del comportamiento humano.

Respecto a si existe o no dependencia de la sustancia, se ha visto que el consumo mantenido de la droga suele ser algo habitual, que después de un tiempo sin consumirla, sobre todo cuando han existido dosis altas, aparecen ciertos síntomas de abstinencia y que se asocia con un conjunto de fenómenos neuroquímicos y neuroendocrinos similares a otras drogas de abuso. Sin embargo el comportamiento de la droga en el organismo, pues se almacena en los tejidos adiposos y se va eliminando progresivamente, evita que aparezca un fenómeno abrupto y severo de abstinencia.

Relación entre el sistema cannabinoide y el opioide favorece la conducta adictiva

Por otra parte, la relación que parece existir entre el sistema cannabinoide y el opioide parece favorecer la conducta adictiva. Esto parece sustentarse en las múltiples coincidencias a nivel de localización receptorial y su activación en diferentes regiones. Hay evidencias en este sentido en que los dos sistemas están relacionados por propiedades farmacológicas y bioquímicas de estas sustancias. Todo ello da pie a pensar en nuevas estrategias terapéuticas para la dependencia opioide a través del receptor CB1 y por otra parte que dicho receptor puede intervenir en la vulnerabilidad adictiva de los opioides, lo que a su vez parece demostrar que un posible consumo precoz de cannabis podría favorecer una futura adicción a otro tipo de drogas, y en este caso los opioides.

Dr. Fernando Andrés España. Psiquiatra de IVANE SALUD.

Alberto Manero. Psicólogo de IVANE SALUD.

Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria en Vithas Hospital Nisa Valencia al Mar.

Clínica de Desintoxicación y Patología Dual en Vithas Hospital Nisa Aguas Vivas.