Cuando hablamos de consumo de alcohol es habitual encontrar la idea de “beber lo normal”. Es evidente que las personas que la utilizan se refieren al consumo de una cantidad que ellos consideran no excesiva y en la que suele existir un autoengaño con cierta dimensión inconsciente.

¿Qué cantidades y qué bebidas alcohólicas son “normales”?

La Organización Mundial de la Salud habla de que el consumo diario recomendable debería ser de 30 a 40 gramos diarios.

Una fórmula para saber qué cantidad de gramos estamos consumiendo al día es multiplicar los grados de alcohol que aparecen en la botella por 8 y el resultado, a su vez, multiplicarlo por la cantidad en litros que hemos bebido. Es decir, una caña de cerveza sería: 5 grados de alcohol x 8 x 0,25 litros = 20 gramos.

La OMS considera consumo de riesgo en el caso de los Hombres 280 gramos semanales y, en el de las mujeres, es suficiente con 170 gramos. Por lo tanto, beber más de dos cervezas al día o más de una copa de vino de 12 grados, sería peligroso.

Además, sabemos que según el Instituto Nacional de Estadística (INE) un 10,2 % de españoles beben alcohol todos los días.

Todo aquello que se repite durante un tiempo llega a crear una costumbre

A nivel psicológico, el concepto de “normalidad” tiene más que ver con la idea de “costumbre” y, por tanto, está relacionada con la repetición, no con la corrección y debemos recordar que: todo aquello que se repite durante un tiempo llega a crear una costumbre y acaba viéndose como algo “normal”.

La capacidad de “normalizar” comportamientos es extraordinaria en el ser humano y se basa en un mecanismo de pura repetición. Por lo que, en realidad, la idea de normalidad puede abarcar prácticas extrañas y extremas.
Por ello, la idea de normalidad aplicada al consumo de alcohol o de cualquier droga es peligrosa porque es inexacta. Ya que no se fundamenta en ningún tipo de evidencia fiable y, lo más importante, provoca un efecto de acomodación de la persona al creer que lo que consume no es tan preocupante (se quedan más tranquilos pensando que hacen “lo normal”). En este sentido existe una complacencia psicológica que provoca una falta de autocrítica respecto a la existencia de un consumo inadecuado o una adicción instaurada, que se traduce en la falsa percepción de no tener un problema y por lo tanto demorar la búsqueda activa de ayuda por parte de profesionales.

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