Habitualmente, los propios efectos de la adicción incluyen una actitud cerrada a cualquier cambio o sugerencia, lo cual se trata en realidad de una muestra de lo que se conoce popularmente como “pensamiento adictivo”, es decir, una serie de planteamientos que provienen no tanto de la persona, sino de la propia adicción.

Habitualmente, los propios efectos de la adicción incluyen una actitud cerrada a cualquier cambio o sugerencia, lo cual se trata en realidad de una muestra de lo que se conoce popularmente como “pensamiento adictivo”, es decir, una serie de planteamientos que provienen no tanto de la persona, sino de la propia adicción. Por ejemplo, se observa en frases como “no es tanto como la gente dice”, “hay cosas peores”, “yo controlo y lo dejo cuando quiero, pero ahora no me da la gana”, o “con todo lo que estoy pasando, qué menos que permitirme un poco de esto…”.

Y es que la adicción crea una especie de coraza alrededor de la persona adicta para mantener su dominio sobre ella. En esta coraza rebotan los intentos de ayuda de las personas cercanas, y crea una fantasía de control, una falsa creencia de normalidad aparente y un falso bienestar que solo se mantienen en la mente del adicto.

Por eso, ayudar a una persona con adicción es algo complejo. No se puede hacer de cualquier manera, ni en cualquier momento, ni por parte de cualquier persona.

Uno de los pasos críticos en el entorno de un adicto es el estar dispuesto a recibir ayuda o consejo de familiares y personas cercanas.

Para empezar, es importante no esperar a que la situación sea demasiado grave. Tener capacidad de reaccionar a tiempo es esencial para evitar que la persona adicta se encuentre tan encerrada que rehúya cualquier intento de ayuda. Por eso, es también muy importante no esperar hasta que pidan ayuda, ya que entonces puede ser demasiado tarde.

Por otra parte, cuando se hable de este tema conviene ser muy cuidadosos con el lenguaje y el tipo de información que se pone sobre la mesa.

Los adictos se encuentran hipersensibilizados y muy a la defensiva respecto a cualquier alusión a sus consumos o hábitos, por lo que tienen a reaccionar de manera exagerada, con victimismo excesivo (“siempre soy yo quien lo hace mal todo… siempre igual… los demás son todos perfectos, pero yo tengo que obedecer a todo lo que me digan…”), o relativizando su situación y tirando balones fuera. Por eso, es muy importante centrarse en información lo más objetiva posible, evitando en lo posible las opiniones o juicios.

También, en la medida de lo posible, ser más de una persona quien se dirija al adicto para hacerle ver su problema. Cuanta más gente le advierta de sus problemas (por ejemplo, amigos o familiares a los que respeta), menos posibilidades se dará de que lo tome como manías personales u opiniones personales cuestionables de otros.

El objetivo inicial tiene que ser siempre que reconozca que existe un problema real. Es inútil intentar que alguien acepte realizar un tratamiento de desintoxicación si no reconoce que es adicto y tiene un problema con el consumo de sustancias o adicciones comportamentales. Por último, para poder ayudar a alguien primero tenemos que estar bien nosotros.

Es muy difícil prestar ayuda si no estamos bien. Podemos perder el control de nuestras emociones y reacciones y complicar aún más la situación con el adicto.

En cualquier caso, se trata siempre de situaciones complicadas, y será recomendable, en caso de no disponer de recursos o seguridad para afrontar este problema, pedir ayuda a profesionales especializados sobre los que sustentar un adecuado asesoramiento y los pasos más adecuadas a dar según la intensidad y gravedad de la persona con adicción.

Dr. Augusto Zafra. Director. Psiquiatra de IVANE SALUD

Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria en Vithas Hospital Nisa Valencia al Mar.

Clínica de Desintoxicación y Patología Dual en Vithas Hospital Nisa Aguas Vivas.