La influencia de las experiencias en las edades tempranas y la aparición de desórdenes psicológicos años después.

Desde la Universidad de Liverpool se han realizado estudios tratando de investigar si existe cierta conexión entre los rasgos de personalidad de las personas y un aumento de la vulnerabilidad a padecer una enfermedad mental.

Después de haber examinado a 1 millón de personas de edades comprendidas entre los 18 y los 19 años de edad y, posteriormente, haber realizado un seguimiento sobre el debut de alguna enfermedad mental, los estudios revelaron que existía una aparición tardía del trastorno bipolar en personas que tenían bajos y altos niveles de madurez social y en los que existían rasgos de inestabilidad emocional.

Los mismos estudios evidenciaron que tener elevados niveles de dimensiones de vinculadas con la estabilidad emocional actuaría como factor protector del trastorno esquizoafectivo, mientras que niveles bajos se asociaban un aumento de la vulnerabilidad a padecer esta patología psiquiátrica.

En cuanto a la esquizofrenia o las psicosis no afectivas, los estudios revelaron que  elevados niveles de madurez social, de energía mental y de estabilidad emocional actuaban como factores protectores independientes y de pronóstico más favorable, mientras que puntuaciones elevadas de estas características de personalidad actuaban como factores de riesgo. Con lo cual, se puede aseverar que existe una interacción real entre ciertas dimensiones de personalidad, en la aparición y en el curso de ciertas enfermedades mentales, entre las que se incluye la esquizofrenia y el trastorno bipolar, actuando bien como factores protectores o de buen pronóstico, o bien como factores de vulnerabilidad o de pronóstico más incierto.

Los investigadores también sugieren que las experiencias negativas que tuvieron lugar en la infancia, como abuso sexual o físico, bullying o separación temprana de los padres, actuando como factores de riesgo en personas con una vulnerabilidad intrínseca, pudiendo llegar a desarrollar un trastorno psicótico mucho tiempo más tarde tras la vivencia de ese factor de estrés en la infancia.

Por ello, se puede concluir que los acontecimientos vitales que resultan traumáticos pueden actuar como un factor precipitante y diferido en el debut de una enfermedad mental, y ciertos rasgos de personalidad pueden aumentar o reducir la prevalencia de tener o desarrollar una patología psiquiátrica. 

En este sentido, desde la prevención temprana, es necesario saber que todo influye y todo nos afecta a nivel individual, para bien o para mal. Crear un entorno favorable dentro del ámbito familiar desde la infancia que ayude a fomentar la comunicación, la expresión de emociones, la confianza o crear un ambiente de seguridad, ayudará a que los hijos crezcan de una forma más saludable, tanto física como psíquicamente. De este modo, cuando lleguen a a la edad adulta, tendrán una menor probabilidad de padecer desórdenes psicológicos o  patologías mentales.

Clara Díez. Psicóloga de IVANE SALUD.

Dra. Augusto Zafra. Psiquiatra. Director de IVANE SALUD.

Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria en Vithas Hospital Nisa Valencia al Mar.

Clínica de Desintoxicación y Patología Dual en Vithas Hospital Nisa Aguas Vivas.