Las adicciones son una enfermedad cerebral persistente y compleja que se caracteriza por una disminución de la capacidad para controlar el consumo de sustancias tóxicas (en el caso de las adicciones conductuales, se presenta incapacidad de controlar la conducta disfuncional) y por episodios de recaída, incluso tras períodos prolongados de abstinencia.

Para ayudar en este proceso, es útil aprender todo lo posible sobre cómo los cambios cerebrales conducen  la adicción, o sobre cómo la impulsividad y la compulsividad se unen como dos piezas  del complejo rompecabezas de la adicción.

Adicciones e impulsividad

La impulsividad podría definirse como la necesidad de actuar rápidamente y sin un pensamiento o una planificación adecuada en respuesta a estímulos internos o externos, caracterizada por una predisposición a aceptar recompensas inmediatas más pequeñas sobre la gratificación demorada más grande y por una incapacidad para detener un comportamiento orientado hacia la satisfacción una vez que se pone en marcha.

Adicciones y compulsividad

Por otro lado, la impulsividad también suele estar acompañada por la compulsividad. Ésta podría definirse como comportamientos repetitivos realizados con el objetivo de evitar sentimientos negativos. Estos comportamientos perseveran incluso ante las consecuencias adversas, es decir, se repiten los mismos actos una y otra vez a pesar de que causan resultados negativos.

Los actos impulsivos generalmente están motivados por la búsqueda de placer, acciones espontáneas  impulsadas por principios hedonistas y por la búsqueda del refuerzo positivo. Suelen estar precedidos por una tensión en la acumulación del acto y el placer, para concluir con la satisfacción y la liberación después de cometer dicho acto.

Los comportamientos compulsivos, en cambio, son originan por un deseo o ‘necesidad’ de evitar el malestar y por sentimientos de ansiedad y estrés que preceden al acto compulsivo, y que deriva en sentimientos de alivio del estrés después de cometer el acto. Los comportamientos compulsivos son habituales y están impulsados por el refuerzo negativo.

La adicción se considera una enfermedad cerebral porque los cambios en la estructura y funcionamiento del cerebro conducen a una pérdida del control conductual y al uso de drogas o alcohol incluso ante graves consecuencias personales. El aumento de la impulsividad y la compulsividad en los procesos adictivos son el resultado de cambios en la corteza cerebral y de una capacidad reducida para regular el comportamiento, anular los impulsos negativos y hacer uso de las herramientas de control  para lograr metas a largo plazo frente a los costes a corto plazo.

Tanto la impulsividad como la compulsividad juegan un papel en el desarrollo y la perpetuación de la adicción, aunque la impulsividad es más influyente en las primeras etapas de abuso/adicción y las etapas posteriores se caracterizan más por una combinación de compulsividad e impulsividad.

En la fase más prematura de la adicción se sobrecargan repetidamente los circuitos de recompensa y motivación del cerebro con dopamina excesiva, quedando estos sistemas desregulados y disfuncionales. Dos consecuencias de esta desregulación neuronal son:

  • Una capacidad disminuida para regular la impulsividad.
  • Un sistema de motivación roto que ha sido reconectado para buscar recompensas en las drogas sobre todas las demás recompensas de la vida normal.

A medida que el abuso supera las primeras etapas de la adicción; la persona se concentra cada vez más en conseguir los placeres de las drogas o el alcohol y cada vez se genera mayor dificultad para resistir los impulsos para consumir.

Así que las primeras etapas de la adicción se desarrollan en torno a la búsqueda del placer; y la impulsividad permite la búsqueda continua de este placer.

Con el tiempo, a medida que las consecuencias sociales, físicas y psicológicas del consumo de drogas o alcohol aumentan y a medida que el consumo se vuelve más habitual y/o ritualizado, la principal motivación para el uso tiende a alejarse de la búsqueda de placer  y se dirige hacia evitar las consecuencias negativas de la abstinencia.

En la adicción más instaurada, las personas utilizan la sustancia principalmente para aliviar el estrés, ansiedad y malestar físico; aunque todavía se busca placer como una motivación secundaria. Aparece mayor sensibilidad ante el estrés y la ansiedad, y por lo tanto aumentarán las conductas de consumo como anticipación a unas posibles consecuencias negativas.

Unidad de Desintoxicación Hospitalaria del Hospital Vithas Nisa Aguas Vivas

Desde la Unidad de Desintoxicación Hospitalaria del Hospital Vithas Nisa Aguas Vivas, en Carcaixent; el equipo de profesionales formado por psiquiatras, psicólogos, enfermeras, terapeutas ocupacionales y monitores de actividad físico-deportiva, llevamos a cabo un programa integral con el que realizamos un abordaje basado en el tratamiento de la patología dual (cuando aparece un trastorno mental asociado con una problemática adictiva); con la intención de permitir a la persona interrumpir el bucle de consumo, dotando a la persona de un espacio donde permanecer alejado de la sustancia y unas herramientas que le permitirán tanto entender la enfermedad como la prevención de posibles recaídas.

Durante el programa, tenemos muy presente a la familia de los pacientes; por lo que es de suma importancia que el entorno familiar y social del paciente se implique en la recuperación. Para ello, realizamos una serie de terapias familiares donde se abordan las dudas planteadas por las familias y se les orienta sobre el papel que deben desarrollar en el plan de recuperación establecido.

Alberto Manero. Psicólogo de IVANE SALUD.

Dr. Augusto Zafra. Psiquiatra de IVANE SALUD.

Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria en Vithas Hospital Nisa Valencia al Mar.

Clínica de Desintoxicación y Patología Dual en Vithas Hospital Nisa Aguas Vivas.