La adicción a los tranquilizantes forma parte de una serie de problemas de dependencia poco visibles y escasamente reconocido, pero no por ello son de menor impacto o gravedad.

Los medicamentos tranquilizantes, generalmente de la familia de las benzodiacepinas, han aumentado su consumo en nuestro país de forma exponencial desde hace unos años, hasta el punto de que ostentamos el dudoso honor de ser uno de los países de Europa que más recetas expide de psicofármacos ansiolíticos y antidepresivos.

Y a pesar de que en la actualidad se ejerce un importante control sobre su venta para evitar abusos, su elevada prescripción médica facilita que muchas personas lo consuman de forma que acaban desarrollando una adicción.

Los problemas de abuso o dependencia a los tranquilizantes aparecen cuando la persona que los consume altera las pautas indicadas por los médicos. Ante una situación de ansiedad o estrés prolongados o de dolor intenso es difícil de resistir la tentación de consumir dosis mayores o de adelantar la siguiente toma, con lo que se altera el equilibrio químico y, con ello, el malestar que percibe la persona, con lo que estas personas sentirán la necesidad de sentirse un poco aliviados tomando de nuevo las pastillas.

Todas las benzodiacepinas pueden provocar dependencia psicológica y física, incluso a dosis bajas, con un síndrome de abstinencia de instauración lenta tras la supresión del fármaco, que es más intenso cuanto mayor son las dosis utilizadas y más prolongado el tiempo de tratamiento.

El cuadro se asemeja a una recaída de los síntomas de ansiedad iniciales que ha sufrido la persona, por eso en ocasiones, el paciente interpreta que ha existido una recaída ansiosa cuando en realidad ha existido una deprivación brusca de éste tipo de fármacos.

Los tranquilizantes de eliminación rápida como el alprazolam tienen mayor tendencia a producir dependencia o efectos de rebote (ansiedad, insomnio) al suspender el tratamiento; los de eliminación lenta producen más sedación durante el día.

Los casos de abuso o dependencia más problemáticos aparecen cuando se mezcla el consumo de tranquilizantes con el alcohol para tratar de potenciar los efectos depresores. En estos casos, el deterioro de la persona es muy rápido, puesto que entre otras cosas se produce un gran aumento de la sensibilidad al dolor, es decir, que la persona que consume alcohol y tranquilizantes para aliviar el malestar termina viéndose desbordada ya que cualquier pequeña dificultad del día a día le causa un sufrimiento insoportable.

En la clínica IVANE Adicciones hemos tratado numerosos casos de adicción a los tranquilizantes. El objetivo es que la persona reduzca al mínimo su consumo, y al mismo tiempo desarrolle habilidades personales que le permitan hacer frente al malestar sin tener que recurrir a las pastillas. Para ello, contamos con un excelente equipo de psiquiatras, psicólogos y monitores de tiempo libre, así como con unas instalaciones idóneas para poder ayudar a estos pacientes a superar su adicción.

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