El alcohol es una de las drogas que presenta mayor número de usuarios con problemas que piden ayuda. Este hecho responde a diversos motivos, entre los cuales podríamos destacar que es legal y por tanto de fácil acceso para muchos, pero también influye su alto grado de integración en nuestra cultura, así como su presencia en casi cualquier ámbito de nuestra sociedad.

Sin embargo, uno de los factores por los que el alcohol consigue tanta presencia es también por sus efectos, dado que funciona como euforizante a dosis bajas, y como relajante-depresor cuando se consumen mayores cantidades.

Estos efectos suponen un riesgo muy alto de cara al establecimiento de una adicción, puesto que cierto tipo de consumidores, especialmente aquellos que puedan tener una tendencia a la depresión, o bien se encuentran en situación de aislamiento o apatía o rodeados de problemas, encontrarán en tales efectos una engañosa ayuda.

Muchas personas con problemas de cualquier clase encuentran en el abuso del alcohol un alivio a su situación que funciona como una anestesia. Beber les permite olvidar temporalmente o subestimar las dificultades que atraviesan y les proporciona una cierta alegría o euforia ante tales problemas. Pero es todo un engaño. Una vez pasen esos efectos, los problemas seguirán ahí, igual o peor que antes.

Sin embargo, para muchos de esos consumidores de riesgo, esta advertencia carece de valor. Para ellos, es más importante aliviar su sufrimiento lo más pronto posible que tratar de luchar por afrontar y resolver sus problemas. No les importa el largo plazo. La adicción al alcohol, como la de cualquier otra sustancia, introduce un estilo de pensamiento en el adicto totalmente cortoplacista, en el que solo le vale sentir un alivio inmediato a sus sufrimientos. Lo que pase después no importa, puesto que en muchos casos esas consecuencias se mantienen apartadas a base de consumos cada vez más frecuentes.

Para muchas de estas personas, considerarse adictos, alcohólicos, es algo muy difícil de asumir. Quizás creen que el alcohólico es una especie de señor mayor que se pasa el día en el bar. O puede que les dé miedo reconocerlo, pues seguramente lo intuyen, pero se resisten a reconocerlo. El no saber qué implica ser un alcohólico ni qué posibles soluciones hay a esa situación les hace negar su problema. Muchos de ellos creen que no podrán vivir bien sin beber: sí, es verdad, saben que están mal y que les sienta mal, pero creen que si lo dejan estarán peor. El alcohol les engaña. La adicción les engaña. Ellos se engañan a sí mismos. Cuando han dejado de beber unos días lo han pasado muy mal y piensan que va a ser así siempre que no beban.

La mejor forma de empezar a ayudar a un adicto es que se dé cuenta del problema que tiene. Si no reconoce su situación será imposible que trate de hacer nada para empezar a cambiarla.

En la clínica IVANE Adicciones desarrollamos terapias para la desintoxicación que incluyen la necesidad de reconocer y aceptar la adicción, pero también tratamos de dar herramientas que les permitan desenvolverse con éxito sin consumir.

Nuestro objetivo es que el adicto se dé cuenta y acepte el problema que tiene, entienda su situación y adquiera habilidades para poder desenvolverse de nuevo en su entorno sin tener que consumir como lo podía hacer antes.

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