El trastorno límite de personalidad (TLP) es una patología mental se caracteriza por la dificultad en la gestión emocional, dificultad a la hora de relacionarse socialmente y una autoimagen negativa.

Desde la teoría biopsicosocial se afirma que los desajustes emocionales en el Trastorno Límite de Personalidad tienen su origen en cierta predisposición genética, en un entorno de invalidación o en una interacción de ambos factores. Por lo que los desajustes serían la consecuencia de la vulnerabilidad emocional y la carencia en las estrategias afectivas a la hora de regular las emociones.

La familia y la regulación emocional
El entorno familiar donde se ha desarrollado una persona es determinante en este trastorno. En la mayoría de personas con Trastorno Límite de la Personalidad que acuden a consulta, se encuentra que en su entorno familiar las emociones carecen de importancia. Un entorno crítico, promueve que la frustración, el enfado, la tristeza o el miedo se atribuyan a rasgos de personalidad de la persona desde su infancia. De manera que se aprende a expresar las emociones de una forma extrema, se inhiben o se desinhiben por completo. A medida que la persona va creciendo, va aumentando esta expresión disfuncional.

Respuesta emocional en el Trastorno Límite de Personalidad
Existe una respuesta muy intensa difícil de controlar ante las experiencias vividas en su entorno, ya que tienen miedo al abandono. Por ejemplo, se muestran irritables y disfóricos con otras personas ya que proyectan su ansiedad y frustración en los demás. Debido a ello, su círculo social es menor que el de una persona que no sufra este trastorno. Sienten un vacío en el que nada les llena, generando una tristeza difícil de explicar o expresar. En muchas ocasiones la rabia que sienten les lleva a autolesionarse, expresando de esta forma su enfado contenido. Es importante que aprendan a gestionar los enfados mediante técnicas.

Regulación emocional
En primer lugar, han de identificar las emociones tal y como las sienten y aceptarlas sin negarlas, aprendiendo a tolerar su malestar emocional mediante estrategias de regulación emocional. Pueden aprender, a su vez, habilidades sociales para reducir la impulsividad y la ideación suicida. Para ello, tendrán que trabajar de la mano de un especialista en salud mental y aceptar un tratamiento fundamentalmente psicológico, tanto en terapia individual como grupal, encaminado a atenuar las dimensiones de personalidad más disfuncionales.

Clara Díez. Psicóloga de IVANE SALUD

Unidad de Salud Mental. Hospital Valencia al Mar

Centro de Desintoxicación y Patología Dual Valencia. Hospital Aguas Vivas